La Rana de tres patas


La Rana de tres patas – Chan Chu

Muchas civilizaciones antiguas han considera la rana como símbolo de abundancia, protección y salud.  Un ejemplo lo podemos observa en Egipto donde se adoraba la diosa-rana, Heket la cual era benefactora de los hombres.  En cuanto a las civilizaciones Mesoamericanas, los aztecas y los mayas consideraban este anfibio como un animal de buena suerte.

Si se desea tener una rana de la fortuna en casa o en un negocio, se recomienda adquirir una rana china de tres patas, ya que éstas forman un triángulo que simboliza la energía del Universo.  La moneda (cash en circulación desde el S.II a.C hasta el S.XVIII d.C.) en la boca, simboliza que todo el dinero que se va, regresa.

En China se cree que los espíritus de las ranas disfrutan contemplando la prosperidad de los hombres. Inclusive, se piensa que las ranas son transmutadoras de energía y que tiene cualidades mágicas. Sin embargo, para obtener el máximo de su influencia positiva en el ámbito laboral, económico y sentimental, es necesario conocer diferentes aspectos tales como el color, la preparación y el lugar en donde se debe colocar. Debe ser de color verde (para prosperidad en un negocio) o dorada (para atraer el dinero).

Alfonso León. Arquitecto de Sueños.

La rana de las tres patas posee un gran poder místico que te ayudará a mover el Chi en tu vida para abrirte a conseguir aquel tesoro que tanto anhelas.

Se utiliza para activar la prosperidad, la suerte y la fortuna. Debes limpiarla antes de consagrarla. Prepara una mezcla de agua con sal marina y frota la imagen con un paño humedecido en esa solución. Mientras la limpias, siente cómo tus conflictos y miedos económicos desaparecen. Actívala con la luna creciente o llena. Colócale una cinta roja enlazando las tres patas. Busca un billete de alta denominación y ponlo en su boca junto con una moneda China. Después, consagra tu petición rodeándola con un incienso de mandarina que sujetarás con tu mano izquierda. Al mismo tiempo, con tu mano derecha, realiza el mudra de la riqueza.

Para hacer este mudra, haz que el dedo pulgar toque suavemente los dedos meñique y anular de tu mano, repite tres veces Om mani padme hum y visualiza cómo tus cuentas de ahorro, todos tus ingresos, tus negocios y tu vida prosperan con la bendición del universo.

La representación debe mirar hacia el interior de tu casa o negocio. Ubícala a un lado de la puerta de entrada del hogar, una planta o mueble, o en algún otro lugar que se encuentre un poco más arriba del suelo, escondida que no pueda verse. El bulto de la cuarta pata debe quedar mirando hacia una pared, porque esa es la pata por donde bota el dinero. Por ello no debe quedar mirando hacia una ventana o puerta, porque tu riqueza se puede ir por allí. En los negocios debe colocarse junto a la caja registradora.

La representación de este animal mítico dentro del hogar activará los negocios, el dinero y todo lo relacionado con una buena economía en la vida. Además, procurará estabilidad financiera. Ella lleva una moneda china en su boca y un bulto en la parte posterior de su cuerpo, que es el origen de su riqueza.

Eres un ser bendecido y merecedor de todo lo bueno que existe en el mundo. No permitas que los miedos te frenen. Con esta cura liberarás tu gran fuerza interna y activarás el poder de la creación a favor de tu riqueza. Alfonso Leon

Si le pones una moneda de cobre,
cobre te traerá.
Si le colocas una moneda de plata
plata no te faltará.
Si le regalas una moneda de oro
La fortuna te sonreirá.

Mitología:

Hace mucho tiempo, en los umbrales de la historia, más allá del reino de Tsiu, vivía un muchacho llamado Lié Pian, su padre era leñador y dentro de su pobreza vivían felices. Lié era el mayor de la familia y tenía apenas diez años, su hermano Huna tres y una hermana recién nacida, llamada Pay Hui, que en su idioma significa estrella.

A Lié le gustaba jugar en sus ratos libres a la orilla de un pequeño charco cercano a su casa, que era alimentado por un riachuelo de aguas cristalinas. Un día que paseaba por la orilla, escuchó un fuerte “croac” que producía una enorme rana que plácidamente tomaba el sol sobre un tronco seco. Lié,  travieso como todos los chicos de su edad, sin detenerse a pensar el innecesario daño, lanzó una piedra con tal puntería que le atinó en una pata trasera, por supuesto que la rana se lanzó al agua de inmediato.

Contento se fue a su casa Lié, pero al paso del tiempo algo lo incomodaba, era el recuerdo del daño hecho a aquella rana tan grande, sin motivo alguno. Su obsesión creció. Y buscaba de viva voz a la rana por la orilla del charco, sin saber qué hacer. Un día se le ocurrió una idea, y fue a dejarle jugosos insectos precisamente sobre el tronco en que la había visto. Al día siguiente observaba que los insectos desaparecían pero nunca veía a la rana.

Lié creció, y ayudaba a su padre en el oficio; sin dejar jamás pasar un día en que no dejara algún grillo sobre el tronco en donde había lesionado a la rana, y un buen día, cuando menos lo esperaba la vio, precisamente como la primera vez, con cuidado se acercó a ella, y la rana no se movió. Ahí mismo sin saber si ésta le entendía le pidió perdón, y le dijo lo que su corazón sentía. La rana sólo contestó con un “croac” con pesadumbre y tristeza observó que la rana sólo tenía tres patas, que le faltaba precisamente la que había lesionado la piedra.

Lié se hizo hombre se casó y tuvo muchos hijos sanos y fuertes. Construyó su casa a la orilla del charco, ahí donde vivía precisamente la rana de las tres patas. Y platicaba a diario con ella de todo cuanto le acontecía, aunque la rana sólo le contestaba con un “croac”.

Y un día el más chico de sus vástagos enfermó, y pese a todos los cuidados no se curaba; y Lié gastó sus ahorros en medicinas, pues después vendió cuanto tenía de valor.

Al fin y a base de ruegos consiguió que un eminente médico auscultara a su hijo, quien le dijo a Lié, que era una medicina rara y costosa la que éste necesitaba, y que si no la tomaba antes de la luna nueva, su hijo moriría. Lié que era pobre y ya no tenía nada de valor, entró en depresión y no sabía qué hacer. Por supuesto que todo eso se lo platicó a su amiga de tres patas, quien le contestó con un “croac”.

La rana, que era muy vieja, sabía que el charco mantenía un secreto, había en él un tesoro que hacía muchos años unos bandoleros habían ocultado cuando huían de las tropas del rey. Los bandoleros fueron muertos y el tesoro quedó abandonado en el fondo.

Y precisamente la luna brillaba en todo su esplendor cuando Lié, su esposa y sus otros hijos, resignados, miraban como el infante agonizaba, pues nadie tenía dinero para prestarles y comprar la medicina.

En eso un fuerte croac se escuchó, y todos vieron con estupor, como una rana grande entraba a la casa, y en su hocico traía una moneda de oro.

Lié entendió que era su amiga que venía a ayudarlo, de inmediato compró la medicina, y su hijo se alivió.

Por eso, desde entonces, todos los descendientes de Lié, que ahora son muchos, veneran a la rana de tres patas, quien cada luna nueva le llevó a Lié una moneda de oro en su hocico, y que éste guardó prudentemente en su vasija de la fortuna, junto a sus ahorros, utilizando las monedas solo en caso de apuro.

Lié vivió hasta ver su cuarta descendencia, viviendo feliz y tranquilo, rodeado de abundancia en compañía de su familia y de su amiga  la rana de tres patas.

Chan Chu como diosa china

Otra de las leyendas dice que la rana es la esposa de uno de los ocho inmortales que fue castigada por su avaricia, convirtiéndola en una rana de tres patas.

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