Concepciones de la Filosofía


La filosofía es un quehacer esencialmente humano a través del cual se busca explicar y transformar la totalidad. No obstante, éste no ha sido el único camino empleado por el hombre para realizar tal propósito. Junto a la filosofía y aún antes de su surgimiento, se han desarrollado formas de pensamiento no filosófico que merecen ser estudiados en toda su complejidad, tanto por su cercanía al actuar cotidiano de los individuos como por su importancia en las concepciones sustentadas por éstos dentro de una sociedad determinada.

Etimología de la Filosofía

Etimológicamente, filosofía procede de los vocablos griegos Phileo (amor) y Sophia (sabiduría). Significa pues, amor a la sabiduría. El verbo fileo, además de amar, tiene el significado de tender, aspirar. Si el término filosofía significa amor a la sabiduría o al saber, filósofo será el amante de la sabiduría.

Se atribuye a Pitágoras (496-580 a. C.) la precisión del término filósofo cuando León, rey de los Fliacos, preguntó a Pitágoras cual era su profesión, este contestó que no era sabio (sofos) sino simplemente un “filósofo” (amante a la sabiduría, aspirante a ella).

El que es sabio, no filosofa. Lo mismo sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto. El filósofo pues, no es ignorante, porque busca la sabiduría, la ama, la desea, tiene afán de saber, nunca está satisfecho con lo que sabe, dirá con Sócrates: “Solo se que no se nada”. Filosofar es reconocer, la propia ignorancia, la indigencia, y aspirar constantemente a la sabiduría, a la riqueza. El móvil del filosofar tiene que ser el amor, un amor fuerte, constante, siempre ávido. No se trata de un quehacer meramente intelectual, sino que compromete a toda la persona.

EL PENSAMIENTO PREFILOSÓFICO

Dentro de las distintas actividades humanas, la constitución del pensamiento filosófico no ha ocurrido de una manera espontánea. Esto quiere decir, que su gestación se encuentra precedido por otro tipo de explicaciones dadas por el hombre en su afán de dar respuesta a diversos problemas, preocupaciones, interrogantes, intereses, etc., inherentes a su existencia.

Estas soluciones normalmente han estado en correspondencia con las actitudes (mítica, práctica y otras) que el hombre ha asumido frente al mundo, y su aceptación o validez ha estado apegada a las circunstancias propias de la realidad. El pensamiento prefilosófico posee sus propias características, las cuales lo distinguen del pensamiento filosófico y científico.

La actitud mítica

A través del mito, el ser humano ha encontrado respuestas a múltiples inquietudes que sobre sí mismo y sobre el mundo le han sido planteadas por el solo hecho de vivir. Esto es, ha encontrado en él las verdades que le ayudan a vivir. Al mito podemos considerarlo como relato o como sistema de vida. Como relato, puede hablarnos de los orígenes del universo y del hombre, de la dependencia del hombre de la naturaleza, de las divinidades, de los héroes, etc. Como sistema de vida, el mito nos lleva a la valorización de los patrones de conducta y las respuestas vivenciales que por él son determinadas. El mito tiene una vigencia social: tiene su origen y su sentido en el marco de un grupo humano, que es precisamente quien determina sus modalidades, su forma. Los antiguos, vieron siempre al hombre como parte de la sociedad y a ésta como inmersa en la naturaleza; dependiendo de las fuerzas cósmicas. Para ellos no había oposición entre la naturaleza y el hombre y, por tanto, no existía la necesidad de aprehenderlos siguiendo modos de conocer diferentes. Los fenómenos eran concebidos, en general, en relación con la experiencia humana, y ésta a su vez, era referida a los acontecimientos cósmicos. En el pensamiento antiguo, la especulación tenía posibilidades ilimitadas para su desarrollo debido a que no tenía las restricciones que implica una indagación científica de la verdad (metódica) y a que el dominio de la naturaleza no se distingue del dominio humano.

En la lógica del pensamiento creador de mitos, las ideas no son autónomas, sino que están inmersas en la peculiar actitud mostrada hacia el mundo de los fenómenos, y en cuanto a esto, hay que aclarar que cuando los investigadores han presentado testimonios de que el hombre primitivo tenía un modo prelógico de pensar, se refieren, probablemente, a las prácticas mágicas y religiosas. Si tratamos de definir la estructura del pensamiento creador de mitos y de compararlo con el pensamiento científico moderno tenemos que: este último se caracteriza por la distinción entre lo subjetivo y lo objetivo, y es precisamente en esta distinción sobre la que se basa el procedimiento crítico y analítico por medio del cual el pensamiento científico reduce progresivamente los fenómenos individuales a acontecimientos típicos sujetos a leyes universales. En la experiencia primitiva no hay lugar para un análisis crítico semejante, para él carece de significado la distinción entre el conocimiento subjetivo y el objetivo.

El pensamiento primitivo reconoce naturalmente la relación de causa a efecto, pero le es imposible concebir la causalidad como una operación impersonal, mecánica y sujeta a leyes.

Los dioses, como personificación de las fuerza naturaleza, satisfacen las necesidades del hombre primitivo de encontrar causas que le expliquen el mundo de los fenómenos.

Para el pensamiento creador de mitos, la vida del hombre y la función del Estado se encuentran encajadas en la naturaleza, y los procesos naturales son afectados por los actos del hombre, del mismo modo que la vida humana depende de su integración armoniosa con la naturaleza.

Para la conciencia mítica la realidad es todavía homogénea e indiferenciada, por tanto, no existe ninguna delimitación fija entre lo meramente representado y la percepción real, entre deseo y cumplimiento, entre imagen y cosa, entre el mundo del ser inmediato y el mundo de la significación mediata.

Actitud Religiosa

A través de la actitud religiosa el creyente fundamenta su existencia en el mundo y también, por lo menos en muchas de las religiones, vive en función de una existencia futura, más allá de la muerte.

Su vivir presente o mundano, es generalmente preparación para el vivir futuro, en donde obtendrá premio o castigo según sea el caso. La religión es religación, lazo de unión entre el hombre y su Dios. Esta religación puede enmarcarse dentro del mito, puede ir más allá del mito por medio de la búsqueda racional de la coherencia del dogma, tal y como lo hace la teología; o por medios del concepto antideterminista del libre albedrio; o incluso por la toma de conciencia del campo de vigencia de la religión, comprendiendo que hay otros campos de acción y de reflexión en que no le corresponde a ella determinar, sino a otras disciplinas como lo relativo a los astros, los números, las tormentas, etc.

La actitud práctica

Es el conjunto no sistemático de “verdades” o conocimiento nacidos de la propia experiencia y de la ajena que han sido transferidos de generación en generación.Estos conocimientos nos sirven para subsistir y nos resuelven los problemas más elementales que van desde la forma de bajar una fruta por medio de una pedrada lanzada por una honda, hasta la elaboración de utensilios de barro. A esta actitud la llamamos “práctica” porque no pretende dar respuesta a grandes problemas inmanentes o trascendentes, sino, más bien, solucionar los problemas que se van presentando y que requieren soluciones inmediatas. Entra en juego en ella el llamado “sentido común”, esa facultad de resolver razonablemente las cosas y que todos poseemos.

La actitud práctica puede estar, sin embargo, enriquecida por una actitud mítica, semi-mítica o por la ciencia.

Así, pues, la realidad no se presenta originalmente al hombre en forma de objeto de intuición, de análisis y comprensión teórica; se presenta como un campo en que se ejerce su actitud práctico sensible y sobre cuya base surge la intuición práctica inmediata de la realidad.

La práctica utilitaria inmediata y el sentido común correspondiente ponen al hombre en condiciones de orientarse en el mundo, de familiarizarse con las cosas y manejarlas, pero no les proporciona una comprensión de las cosas y de la realidad. El conjunto de fenómenos que llenan el ámbito cotidiano y la atmósfera común de la vida humana, que con su regularidad, inmediatez y evidencia penetra en la conciencia de los individuos agentes asumiendo un aspecto independiente y natural, forma el mundo de la pseudoconcreción.

En el mundo de la pseudoconcreción el lado fenoménico de la cosa, es considerado como la esencia misma, y la diferencia entre esencia y fenómenos desparece.

El fenómeno es, por tanto, algo que, a diferencia de la esencia oculta, se manifiesta inmediatamente, primero y con más frecuencia. Si el hombre busca descubrir la esencia oculta o la estructura de la realidad, debe ya poseer, antes de iniciar cualquier indagación, cierta conciencia de que existe una verdad oculta de la cosa. El hombre da un rodeo y se esfuerza en la búsqueda de la verdad sólo porque presupone de alguna manera su existencia, y en virtud de que la esencia — a diferencia de los fenómenos- no se manifiesta directamente, y por cuanto el fundamento oculto de las cosas debe ser descubierto mediante una actividad especial, existe la ciencia y la filosofía.

Surgir del pensar filosófico.

En el surgimiento de la filosofía no hay causas milagrosas, “no hay -sostiene Vernant- una inmaculada concepción de la razón. El aparecimiento de la filosofía no es un milagro, es un hecho de historia, enraizado en el pasado, formándose a partir de él al mismo tiempo que contra él.”

No obstante es importante señalar que hay quienes consideran que la aparición del pensamiento racional ha significado un corte radical en la historia de la humanidad. Más aún hay quienes piensa, como Burnet, que los griegos inventaron la filosofía por ser un pueblo dotado de una inteligencia excepcional, en tal sentido afirma que “los filósofos jonios han franqueado la vía que la ciencia, a partir de este momento, no ha tenido más que seguir. Aparece pues el surgimiento de logos como una especie de milagro”.

Indudablemente a nuestro juicio esta interpretación resulta bastante simplista puesto que nada en la historia surge porque sí. Y es necesario ubicar en su contexto las causas por las cuales el pensamiento mítico se fue debilitando. Esto significa que debemos rastrear una serie de condicionamientos que favorecieron la aparición del pensamiento racional.

En primer lugar hay que tomar en cuenta una serie de transformaciones históricas que se produjeron a partir del siglo VIII a. C., entre ellas “el tránsito de las economías agrarias relativamente cerradas hacia la constitución de importantes centros urbanos y marítimos comerciales tales como Mileto, ciudad que, en el siglo VI a. de C. se constituyó en uno de los puntos centrales del comercio internacional de la época, comercio que relacionaba a egipcios, fenicios, etruscos, jonios, aqueos y carios y que generó una acumulación importante de riquezas en las comunidades griegas; al mismo tiempo estas ciudades, Éfeso, Samos, Colofón, Mileto, etc. conocían un intenso proceso de democratización, fenómeno ligado al necesario desplazamiento político que de las antiguas noblezas y reyes de origen agrario intentaron realizar los armadores y comerciantes ricos griegos. En Atenas, uno de los más importantes núcleos culturales griegos, la base de la jerarquía social va a estar constituida por la riqueza y no por el nacimiento.”

En ese periodo están presentes otros acontecimientos que hacen posible el surgimiento del logos: la aparición de la moneda, la escritura alfabética, el calendario, la organización política de las ciudades, el mayor progreso técnico, etc., pero también el hecho de que en Mileto no existiera una casta sacerdotal poderosa, hizo más expedito el que el saber se fuese volviendo laico. Vamos a ver a continuación cuáles fueron los cambios operados por el pensamiento filosófico frente a la tradicional manera de pensar mítica. Recordemos que para dicha mentalidad la relación de los hombres con los demás seres vivos era simpatética debido en gran parte a que el hombre no se consideraba como el ser más perfecto en la escala animal, sino que un miembro más de la gran sociedad vital. Es por ello que su trato con las cosas estaba teñido de sentimiento y utilidad.

Con la aparición del pensamiento racional, en cambio, se instaura una visión analítica de modo que se contraponen claramente el yo y las cosas, el hombre toma distancia de ellas, lo cual supone no verlas en su familiaridad como cosas para o instrumentos a través de los cuales se realizan determinados fines, sino que se contraponen como objetivos, como entes independientes, poseedores de un ser fijo, lo cual quiere decir que ya las cosas no cambian por el capricho de seres sobrenaturales, como acontecía en la visión mítica del mundo, motivo por el cual aquellos sólo podían ser objeto de narración. Al adquirir una naturaleza fija, las cosas podrán llegar a ser objeto de definición, es decir se objetiviza la naturaleza, se la despeja de la influencia sobrenatural.

Pues bien, conjuntamente con lo cambios operados a nivel del objeto, acaecen también modificaciones en el sujeto; éste ahora se diferencia radicalmente de los demás seres vivos y advierte que su diferencia específica, su racionalidad, es la raíz de tal diferenciación.

Precisamente es por medio de dicha facultad por la que se dispone aceptar la nueva manera de ser que descubren en las cosas. Entendemos no obstante que el paso del mito al logos, aunque significa toda una revolución en la manera de enfocar la realidad, la filosofía naciente no puede erradicar sino muy gradualmente algunos vestigios del pensamiento mítico, el que indudablemente siguió teniendo vigencia en grandes sectores de la población. De todas maneras es bueno recordar con J. Pierre Vernant que “el nacimiento de la filosofía aparece solidario de dos grandes transformaciones mentales: un pensamiento positivo, que excluye toda forma sobrenatural y que rechaza la asimilación implícita establecida por el Mito entre fenómenos físicos y agentes divinos; un pensamiento abstracto que despoja a la realidad de este poder de mutación que le prestaba el mito.”

¿Qué es la filosofía?

Con persistencia frecuente se oye preguntar a doctos e ignorantes: “¿Qué es la filosofía?” Durante veinticinco siglos no ha dejado de resonar por un instante la misma pregunta. Desde que los griegos formularon por primera vez, no hubo época culta o inculta que no se la planteara. Señalar el sentido que tiene esta pregunta a través de la historia del pensamiento humano implica nada menos que escribir una historia completa de la filosofía. La respuesta del filósofo no podría expresarse sin enunciar integralmente el sistema filosófico de cada pensador; tal es la íntima vinculación existente en la problemática filosófica.

Al preguntar: ¿Qué es la filosofía?, nadie puede dar una respuesta concreta, solo contestaciones vagas; a veces contradictorias. La filosofía no puede ser definida. Definir es reducir a conceptos una realidad determinada. Y la filosofía se resiste a ser reducida a conceptos; porque la filosofía no es mero conocimiento racional de algo. Es más bien una actitud espiritual, una manera de ser, una actitud frente al mundo. Por eso, más que de filosofía debemos hablar de filosofar. El filósofo es tal en tanto filosofa y no en tanto “sabe” en el sentido vulgar de la palabra “saber”; la filosofía se “vive”. Por eso es imposible enseñar filosofía. Puede enseñarse una disciplina formada por proposiciones puramente racionales: pero no la filosofía, que no es un saber puramente racional y que es por tanto intrasmisible. La filosofía no se enseña, pero la filosofía sí se aprende.

Aprender filosofía no es aprender lo que dijo Fulano o Mengano, por más ilustre que sea. Aprender filosofía es aprender a filosofar; es aprender a estar frente al mundo en actitud resuelta y valiente, a interrogarle, a tratar de descubrir sus secretos sin conformarse con las soluciones que ofrecen la ciencia y la religión. No es que la filosofía sea contraria a la ciencia y a la religión, sino que está en plano distinto. La ciencia y la religión tienen límites impuestos desde afuera; la filosofía no tiene límites, porque los que se impone a sí misma son siempre provisorios. Sorprenderá que un profesor de filosofía afirme que esta disciplina no se enseñe. Pero así es: la filosofía no se puede enseñar; es decir, no se puede enseñar como se enseña la ciencia y la técnica.

Enseñar filosofía es enseñar a tomar la actitud filosófica; es enseñar a problematizar las cosas que nos rodean y a nosotros mismos; en una palabra, es enseñar a filosofar. Para ello es necesario enseñar al discípulo a tomar esa exactitud, sugerirle una manera de ser, inducirle a ver el mundo despojado de las contingencias particulares. Pero no se puede enseñar filosofía a quien no es ya filósofo; es decir, a quien no tenga ya una predisposición especial para mirar las cosas; a quien no sienta en sí mismo un impulso que lo lleve a preguntarse qué hay más allá de las cosas que nos rodean.

La filosofía es, pues, ante todo, un “hacer” del hombre. Este “hacer” del hombre, que se llama filosofía, pone en juego la totalidad de la persona. Mal podría filosofar el hombre si dispusiera únicamente de la razón o sólo de las formas de la afectividad. La filosofía en una actividad irracional racionalizada. Su primermomento está constituido por el asombro. El asombro no lleva a la problematización. Problematizar las cosas: he aquí la verdadera actitud filosófica.Su último momento es de carácter más bien racional y podría caracterizarse por el afán o el espíritu de sistematización. Del asombro a la sistematización se mueve la filosofía; de lo irracional a lo racional, pero siempre dentro de los estrictamente humano.

La filosofía es, pues, el estudio de la realidad desde el punto de vista de la totalidad. Ésta no es una definición de la filosofía, sino una caracterización más que debe agregarse a las ya enunciadas.

DIVERSAS CONCEPCIONES DE LA FILOSOFÍA

El concepto de filosofía se ha venido modificando a través de la historia. La filosofía al igual que todas las creaciones del hombre (arte, ciencia, religión, etc.), es histórica. No puede comprenderse la filosofía si no se relaciona con el hombre y con las situaciones concretas en que ésta se da. De hecho, no puede hablarse llanamente de filosofía ya que esto sería demasiado abstracto. Sólo puede hablarse de filosofía griega, filosofía cristiana, etc., o sea, de la filosofía dentro de una circunstancia determinada.

Es conveniente caracterizar -aunque sea de manera general- este concepto en diversos momentos de la historia y particularmente en los filósofos según la época que les tocó vivir.

Los primeros filósofos, los presocráticos, aluden primordialmente al logos como principio o concepto explicativo del universo. La razón sería así un instrumento de certeza. Son estos filósofos quienes enseñan las primeras respuestas a partir de la pregunta fundamental que interroga por el origen del cosmos. Para Sócrates, la tarea de la filosofía consiste en un conocerse a sí mismo. Para los sofistas Protágoras y Gorgias, contemporáneos de Sócrates, la filosofía tiene por objeto estudiar al hombre quien por cierto se define como “la medida de todas las cosas“.

Para Platón, la filosofía tiene por objeto la adquisición del conocimiento, conocimiento que no tienen como base las cosas sensibles porque en estas, dice, no se encuentra una verdad segura. El verdadero conocimiento, entonces, se encuentra según Platón, en el mundo de las ideas o lugar celeste, pues las ideas son los modelos eternos (lo que no cambia) y son las verdaderas esencias de las cosas. En este sentido, la filosofía será una constante búsqueda de la verdad y de la belleza.

Para Aristóteles, la filosofía es una ciencia que se ocupa de las causas y de los principios de las cosas. En este sentido, la filosofía para Aristóteles es una ciencia o conocimiento verdadero de lo universal y no de las cosas meramente particulares. Con los escépticos, los epicúreos, los estoicos y cínicos, la filosofía cambia de dirección. La filosofía ahora, busca encaminar las acciones de los hombres hacia una vida moral o recta. Se puede decir que con estos filósofos, en lugar de tener lafilosofía un saber estrictamente teórico, presenta ahora un interés orientado a los problemas morales. La filosofía, en este sentido, será maestra de la vida, o bien, guía de la virtud. Todas estas escuelas se centran en las cuestiones morales. Por su parte, Santo Tomás de Aquino concibe la filosofía como subordinada a la teología: La filosofía es sierva de la teología. La relación que guardan es la misma relación que se establece entre la fe y la razón. Por ejemplo la ciencia caracterizada fundamentalmente como racional, deberá esclarecer y fundamentar los dogmas cristianos.

Para Descartes y los racionalistas, la filosofía es el estudio de la sabiduría tratando de conocer las primeras causas de las cosas. Ese estudio debe partir de principios evidentes y, con un método matemático, de construir un sistema de verdades. Para Hume y los empiristas, la filosofía se ocupa de analizar las condiciones del conocimiento humano.

Para Kant, la filosofía es una reflexión sobre la cultura humana, es decir: la ciencia, el arte, la moral, la religión. Kant tiene el mérito de haber criticado y superado a la metafísica, por lo que se puede señalar: que según este filósofo, la filosofía es una ciencia crítica que se propone delimitar los alcances del conocimiento humano.

En fin, las definiciones sobre la filosofía se continúan e incluso se multiplican a lo largo de la historia. Hegel, Marx, B. Russell, Wittgenstein, entre otros, son quienes también han aportado otras tantas definiciones y concepciones de ésta cada uno desde su particular perspectiva. Veamos algunos de estos pensamientos en torno a la filosofía:

· La filosofía es la autorreflexión del espíritu sobre sí mismo, o el conocimiento del desarrollo del espíritu desde los seres inferiores hasta el Espíritu Absoluto (Hegel).

· La filosofía es una saber crítico de la realidad existente, pero esta crítica no basta, porque la filosofía debe ser, además, práctica, esto es, práctica revolucionaria que influya en la transformación de una realidad social (Marx).

· La filosofía surge de la vida, por la necesidad vital que tenemos de unificar los fenómenos. La filosofía, como la vida, es irracional (Dilthey).

· La meta de la filosofía es el esclarecimiento lógico de los pensamientos. La filosofía no es una teoría sino una práctica (Wittgenstein).

· Pero la filosofía es un sistema de acciones vivientes, como pueden serlo los puñestazos, sólo que los puñetazos de la filosofía se llaman ideas (Ortega y Gasset).

Referencias: http://www.mailxmail.com/autor-dick-lester-nuaes-duarte

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