Origenes del Feng Shui


Para comprender la filosofía del Feng Shui, es vital, hacer un recorrido por su origen e historia. Tenemos que remontarnos a la China de hace varios miles de años para conocer el origen de esta practica tradicional china. Desde su incipiente inicio hasta nuestros días, ciertos eventos históricos, personajes y figuras mitológicas son fundamentalmente relevantes para el desarrollo del Feng Shui.

Para empezar, el Feng Shui surge de la observación de una mágica unión entre el hombre y su entorno, de una primitiva vida agraria al ver la suerte del hombre extrañamente ligada a los ciclos de la tierra, al clima, a la dirección y a la vegetación. Al percatarse del control que ejercían las fuerzas creativas y destructivas de la naturaleza, viento y agua, surge esta filosofía.

Este arte ancestral, debe su filosofía al Taoísmo, fundada por Lao-Tse, el Tao, es el principio absoluto del cosmos, el orden cósmico y la naturaleza, sobre esta base se desarrollo en China el Feng Shui. Los primeros textos que constatan la existencia de esta corriente en el Imperio chino datan de los siglos III y IV a. de C. Pero tuvieron que transcurrir varios siglos y algunas dinastías para que el Feng Shui consiguiera enraizar plenamente en la cultura china. Fue en el siglo VII, bajo la Dinastia Tang, cuando se constato su influencia y vivió su etapa de máximo esplendor, comprendida entre los siglos VII y X.

No fue sino hasta el siglo IX d.C. cuando este arte se dio a conocer en forma abierta a través de diferentes  Escuelas de Feng Shui. Aunque originario de China, el Feng Shui se difundió a occidente desde Hong Kong y Taiwán, ciudades reconocidas como las capitales mundiales del Feng Shui.

Cronología

Con respecto a su cronología, son pocos los datos fidedignos que puedan aportar evidencias contundentes acerca de la exactitud de su origen. Probablemente debido a que estamos tratando un tema que es tan antiguo como la propia civilización que lo vio nacer o al hecho de que existe la probabilidad de que los antiguos textos, con información relevante respecto al tema, se hayan perdido o  destruido accidental o deliberadamente. El hecho de que la historia ha sido registrada por el hombre, bien sea de forma oral o escrita, en ocasiones propicia que se entremezclen aspectos de carácter personal con sucesos verídicos. Lo que hoy podemos saber de las antiguas culturas es gracias a los pocos vestigios que se han podido rescatar.

Mitología

La mitología tiene una importante participación en la documentación de hechos históricos, sobre todo cuando se trata de este tipo de temas. Como es común en muchas culturas antiguas, la mitología influyó en el desarrollo y evolución del Feng Shui. A través de la mitología, el hombre pretendió dar sentido a aquello que no le era posible explicar.

El hombre siempre ha querido conocer su propio origen, pues siempre ha cuestionado su propia existencia, pero al carecer de elementos suficientes, únicamente parece lógico, recurrir a seres mitológicos o dioses creadores de todo lo existente. De igual forma, el hombre siempre ha deseado predecir su futuro y en todas las culturas antiguas surgieron métodos diversos para poder hacerlo.

Filosofía y Mito.

El origen del universo y de todo lo que existe es un concepto que siempre ha intrigado a la humanidad. Desde tiempos remotos los antiguos filosofos chinos afirmaban que en el principio solo existia la Nada. Si lo vemos desde esta optica, la ausencia de existencia es, por sí misma, una existencia en la que la Nada es la unidad de todo lo que existe, a lo que los chinos llaman la Gran Mónada. Con el paso del tiempo, la Gran Mónada se separó en la dualidad de los principios masculino y femenino (opuestos, pero complementarios), los cuales, a través de un proceso de augénesis o biogénesis, crearon todo lo que existe. Tal vez, hoy en día este concepto tenga una gran coherencia. Sin embargo, para poder explicarlo a la población en general no era tan simple. Por ello, probablemente, se genera la primera figura mitológica de China, el Pan Gu o Pan Ku.

Figuras

Pan Gu

Según la tradición, el Universo, inicialmente era un caos (la Nada), que en un momento dado adoptó la forma de una oscuridad en el interior de un huevo gigante (posiblemente la Gran Monada). En lo profundo de este huevo, se fecundó Pangú. Él fue creciendo y desarrollandose a medida de que las fuerzas vitales (Yin y Yang) se van complementando. Éste proceso duró 18.000 años y finalmente, al crecer y despertar,  luego de moldear la oscuridad, con sus herramientas (Cincel y Hacha) reventó el huevo que lo contenía, liberando  los elementos de la creación a los que había dado forma, dividiendo el yin del yang con su hacha gigante.

Las partes más ligera y puras, el yang (clara, masculina y caliente), salieron volando hacia arriba y dieron origen al cielo, mientras que las más pesadas, el yin (obscura, femenina y fría), fueron hacia abajo hasta dar forma a la tierra. A continuación colocó los pies encima de la tierra y puso el cielo de forma que reposara sobre su cabeza, pero vio que los elementos del yin y del yang continuaban moviéndose solos con la fuerza de los golpes con que lo había cincelado.

Así permaneció durante 18.000 años más, expandiéndose, separando el cielo de la tierra, elevándose el cielo cada día un zháng (丈, equivalente a 3’33 metros) mientras la tierra se hundía en la misma proporción y Pangu crecía también la misma longitud. Llegó un momento en que Pan Gu comprendió que ya no hacia falta que separara por más tiempo el cielo y la tierra, exhausto se tumbó a la tierra, donde murió y dio origen a todo un nuevo proceso creador. El aliento se convirtió en el viento, su cuerpo formó la tierra, las montañas, valles y llanuras; su sangre, en los rios y lagos; la voz en el estruendo del trueno, el ojo izquierdo en el sol y el derecho en la luna, su vello corporal se convirtió en arboles, flores, plantas y pasto; sus tendones se convirtieron en caminos de larga extensión y sus músculos en fértiles campos; sus huesos y dientes se convirtieron en metales y piedras preciosas; el cabello y la barba en las parpadeantes estrellas del cielo nocturno y su sudor fluyó como la generosa lluvia y el dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra. Tanto como las manos como los pies dieron forma a las cuatro esquinas de la tierra, los cuatro puntos cardinales. Los parásitos que inundaron su cuerpo, dieron origen a los seres humanos y animales.

En otras versiones del mito de P’an-Ku, sus lágrimas fluyeron para convertirse en ríos y el resplandor de sus ojos se transformó en el trueno y el relámpago. Según esta interpretación, cuando P’an-Ku estaba contento brillaba el sol, pero cuando estaba enfadado negras nubes cubrían el cielo.

Origen

Algunos estudiosos consideran que su origen está en el sur de China o en el sureste asiático y hay zonas del sur de China donde el culto a P’an-Ku todavía pervive, levantándose multitud de templos y pabellones en su honor. Entre esos pueblos, donde la leyenda de P’an-Ku está muy extendida, P’an-Ku es representado como un ser con cuerpo de hombre y cabeza de perro y se le conoce con el nombre de rey Pan. En una de esas leyendas, se cuenta que P’an-Ku se casó con una princesa como recompensa por traer la cabeza de l rey Fang al rey Gao Xin, quien había prometido la mano de su hija a quien le trajese la cabeza de su enemigo, y fue P’an-Ku quien realizó tal empresa. Pero la princesa no quería ser vista con aquel ser, con cuerpo de hombre y cabeza de perro, y se mudaron a las lejanas montañas del sur de China. Allí pudieron vivir felices y tuvieron tres niños y una niña.

Fu Hsi o Fu Xi

Su existencia es un misterio. Las leyendas chinas afirman que vivió entre el 2852 y el 2738 a.C. Sea un ser verdadero o mitológico, es una de las figuras más importantes de la China antigua, tanto en el sentido practico como en el esotérico. Se le sitúa dentro del grupo de los primeros monarcas sabios, en una época en la que aún las dinastías y la suceción de poder se daba por méritos y no por descendencia. Fue el primero de los mitológicos Tres augustos y cinco emperadores de la antigua China.

Gobernante y chamán a la vez, se le atribuye el haber enseñado a su pueblo a pescar con redes (inspirado por las telas de araña), a domesticar animales y a cocinar con fuego. A él se le atribuye la invención de los pictogramas o escritura incipiente, la invención de las normas de civilización, las técnicas de cálculo mediante nudos en cuerdas.

Una lápida de piedra del año 160 de nuestra era le muestra con Nüwa, su hermana y/o esposa, que tambien suele formar parte de los Tres augustos y cinco emperadores. En otras tradiciones, Nüwa y su esposo Fu Hsi, son conocidos como “los padres del género humano“, ya que se les considera los ancestros de éste. Se los suele representar con cuerpo humano y cola de serpiente o dragón, forma con la que tallaron los ríos del mundo y lo desecaron tras las inundaciones.

Fu Hsi se distinguió de entre todos los hombres comunes por su notable inteligencia y capacidad de observación de los fenómenos terrestres y celestiales. En el principio no existían ni la moral ni el orden social. Los hombres sólo conocían a sus madres, no a sus padres. Cuando estaban hambrientos, buscaban comida; cuando estaban satisfechos, tiraban los restos. Devoraban los animales con la piel y el pelo, bebían su sangre y se vestían con pieles y juncos. Entonces llegó Fuxi y miró hacia arriba y contempló lo que había en los cielos y míró hacia abajo y contempló lo que ocurría en la tierra. Unió al hombre con la mujer, reguló los cinco cambios y estableció las leyes de la humanidad. Concibió los ocho trigramas para conseguir el dominio sobre el mundo.

Fu Hsi estaba determinado a descifrar las leyes de la existencia, pues él notaba que todo lo que sucedía, tanto en la tierra como en el cielo y dentro del propio cuerpo humano, seguían ciertos patrones comunes de existencia. A Fu Hsi se lo considera como el patrón de las artes adivinatorias y el primero en organizar sacrificios y culto en honor de los espíritus.

Según la tradición fue el descubridor de los Ocho Trigramas, o Bāgùa (八卦), que suponen la base del I Ching o Yijing y que le fueron revelados de manera sobrenatural al verlos escritos sobre el lomo de un animal mitológico, descrito como un dragón-caballo, que salió del Río Amarillo. Este dibujo es conocido como el Diagrama del Río (Amarillo)(河圖; Hétù), considerado también como el origen de la caligrafía china.

Fu Xi vio en estos signos un mensaje del Cielo, lo que le indujo a penetrar en los misterios de su entorno, tal y como se describe en los apéndices del Yijing: «Cuando en la antigüedad el honorable Bao-Fu-Xi, soberano del mundo entero, miró hacia arriba para contemplar las imágenes que había en el Cielo, y luego hacia abajo para observar los modelos surgidos de la Tierra, observó los dibujos de cada ave y de cada bestia, y qué cosas eran adecuadas para la Tierra. Para lo cercano, eligió [compararlos con] su propio cuerpo; para lo lejano, escogió [compararlos con] otras cosas, y a partir de ahí creó los Ocho Trigramas.

El estudio del diagrama del río Amarillo desembocó en la concepción de ocho figuras de tres líneas que podían otorgar información sobre la estructura intrínseca de todas las cosas del mundo en términos de complementariedad: calor-frío, luz-oscuridad, movimiento-quietud, firmeza-ductilidad, etc. Recurriendo solamente a estas ocho figuras paradigmáticas, Fu Xi intentó explicar el espacio y el tiempo, ordenar la realidad y descifrar el lenguaje en el que se expresa el mundo. El resultado fue la comprensión de la inmutabilidad del cambio, la permanencia de las transformaciones; en lugar de comprender la mecánica del mundo de forma estática, Fu Xi propuso una mirada dinámica y compleja, que no se basa en la permanencia, sino en las continuas transformaciones y evoluciones.

La naturaleza dual del caballo-dragón, animal místico, reviste una gran importancia: el dragón es el animal simbólico asociado, en el Libro de los Cambios, al yang puro, al poder creativo del Cielo y al hexagrama Qian; por su parte, el caballo –más precisamente la yegua– es el animal representativo del yin puro, del poder pasivo de la Tierra y del hexagrama Kun. La fusión de las dos energías primordiales en un solo ser es un hecho de una trascendencia capital.

Fu Xi vio en estos signos un mensaje del Cielo, lo que le indujo a penetrar en los misterios de su entorno, tal y como se describe en los apéndices del  I Ching «Cuando en la antigüedad el honorable Bao-Fu-Xi, soberano del mundo entero, miró hacia arriba para contemplar las imágenes que había en el Cielo, y luego hacia abajo para observar los modelos surgidos de la Tierra, observó los dibujos de cada ave y de cada bestia, y qué cosas eran adecuadas para la Tierra. Para lo cercano, eligió [compararlos con] su propio cuerpo; para lo lejano, escogió [compararlos con] otras cosas, y a partir de ahí creó los Ocho Trigramas».

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