La esencia de la sabiduría


 
Vacía de dogmas y doctrinas,
la sabiduría es un recipiente que nunca se desborda,
tan profunda e insondable que precede a todas las cosas.
Allana las dificultades del pensamiento,
deshace los nudos de la mente,
armoniza las ideas
y suaviza su resplandor,
pues deja posar el polvo que desprenden.
Transparente e invisible, se oculta en la profundidad,
pero todo lo envuelve, pues es anterior a todo
y de todo es origen y común antepasado.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.
 

Sabiduría no es conocimiento. Hoy día nos sobran conocimientos e información, pero no andamos sobrados de sabiduría. De esta clase de sabiduría. Es lo que los místicos han llamado “la nube del no saber”. Otros visionarios la llaman “el lugar en que todo se conoce”. Una especie de omnipresencia, que no tiene que ver con un ser personal que la posee, pues la omnisciencia no se puede poseer, si no que a ella se puede acceder.

El cerebro global funciona como un holograma. Cualquier cerebro individual podría acceder a él. Si deja de lado “los nudos de la mente”, si abandona la lógica de los opuestos como realidades excluyentes, si ser deja atravesar por la transparencia de la realidad.

He conocido varias decenas de personas con sabiduría de vida, pero solo dos o tres que hayan integrado preguntas y respuestas, mente y cuerpo, materia y espíritu. Al menos con un cierto grado de permanencia, porque, por momentos, todos hemos podido acceder, y de hecho accedemos, a este lugar de sabiduría desde donde actuamos sin saber por qué, pero nuestra acción es justa, adecuada e impecable y a tiempo. Y produce los mejores efectos. Y no nos costó ningún esfuerzo. Y tampoco sabemos cómo volver a reproducirla a voluntad.

Los dogmas y las creencias suelen ser mecanismos de defensa frente a lo que ignoramos o aquello que nos da miedo. Los credos son buenas muletas para caminar cuando se está cojo. Pero si las piernas están sanas, son mero estorbo y peso añadido.

Si la sabiduría es anterior a todo, no hay modo de adquirirla mediante la lectura, ni apuntándose a cursos y talleres. Tal vez solo viviendo profundamente, con atención a cada instante e impecabilidad en cada acción, un día descubrimos que siempre estuvo en el fondo de nuestras tripas y de nuestro corazón. Que solo la acumulación de información y la propia búsqueda impedían que se relevase en toda su sencillez. La sencillez máxima llega tras la complejidad, como la calma tras la tempestad. Llega cuando se posa el polvo que levanta cada tormenta de ideas y el oleaje de las dudas que levanta cada tormenta de ideas y el oleaje de las dudas que provocamos antes de tomar una decisión importante. Que la sabiduría sin polvo decida. La sabiduría de la claridad.

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