El supremo altruismo


El cielo es eterno y la tierra permanece
porque no existen para sí mismos,
sino que se entregan a la unidad.
Del mismo modo, las personas sabias se ponen detrás,
pero se encuentran siempre al frente de todos,
pues al desprenderse de sus propios intereses
encuentran realizado su más profundo interés.
Nunca salen de la unidad
y, por ello, logran realizar la integridad de su Ser.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Que significa en el fondo existir para sí mismo? Respuesta evolutiva: individualizarse. Cuando el ser humano se separa de la naturaleza, la codifica, la convierte en un objeto y se separa de algo de lo que forma parte. Cuando cada miembro de la tribu toma conciencia de sí como persona diferente del grupo, piensa en sus propios intereses y no en los de la tribu.

Proceso simple, histórico, pero que ha llevado muchos años de historia y evolución. Hoy día, alcanzado el culmen de la individualidad, cuando ya no nadamos en una sopa prepersonal y sabemos quién es quién, distinguimos perfectamente ente tú y yo, lo mío y lo tuyo, el individuo y el grupo social, llegamos al máximo de involución en el individuo y el grupo social, llegamos al máximo de involución en el individualismo feroz. Hay quienes, desamparados, llenos de incertidumbre, se vuelven de nuevo hacia el grupo en una marcha atrás: nacionalismos radicales, pandillas, bandas, mafias, sectas y, como sustitutos, más sanos, aunque no menos del pasado, la pertenencia a clubes, equipos, partidos, congregaciones, iglesias…

Existe otra posibilidad evolutiva: salir de la sopa primordial, alcanzar el máximo de desarrollo personal y, después, pasar a valores transpersonales, a satisfacer metanecesidades comunes, que tienen que ver con la solidaridad, la belleza, el sentido de la vida, el trascenderse como miembros de una especies y como especie misma, perteneciente a un planeta que forma parte de una galaxia, que es polvo de estrellas en medio de un enorme cosmos. Y todo esto nos vuelve a unir en una identidad más amplia.

En este sentido, el cielo y la tierra permanecen porque no existen para sí. No tienen intereses privados, carecen de identidad separada. Forman un todo, la Realidad, lo que Es. Cielo y tierra son solo conceptos duales de la mente humana.

Realizar la integridad del Ser es, en definitiva, salir de la identificación personal, de las etiquetas profesionales, de aquello con lo que nos definimos -sexo, edad, raza, nacionalidad, estado civil, posesiones, carácter…-, para entrar de nuevo en la gran Identidad, que solo momentáneamente olvidamos, como los ríos y las nubes olvidan por un momento que salieron del mar -evaporación y lluvia- y que a él regresan, en un ciclo son comienzo ni fin.

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