Filosofia

IV. Realismo


El realismo  (palabra derivada del latín res, cosa) es una postura filosófica que, en distintos planos de la vida humana, subraya el valor de las cosas por sí mismas, la primacía de lo real, entendiendo por tal, lo “en sí“, con anterioridad y al margen de la relación cognoscitiva y operativa del hombre con las cosasEn el ámbito del conocimiento, el realismo consiste en la afirmación de una realidad que existe en sí y que no es, por tanto, simple proyección del sujeto cognoscente. Se trata de una actitud y afirmación natural y espontánea en el espíritu humano. Conocimiento realista o filosofía realista, en su sentido más propio, viene a ser sinónimo de ciencia o filosofía verdadera, perfeccionamiento del conocimiento natural y espontáneo.


Formas de realismo. Realismo ontológico y realismo epistemológico

Se distinguen dos formas de realismo, con diferentes implicaciones. En principio, distinguimos el realismo ontológico y el realismo epistemológico.

realismo

En la historia de la filosofía, el realismo se ha presentado en tres dimensiones diferentes, de alguna forma conexas entre sí:

1° Ante el problema de los universales, las posiciones realistas, diversamente matizadas, se oponen al nominalismo y al conceptualismo.

2° En el pensamiento moderno, es el contrapunto, gnoseológico y metafísico, del racionalismo y del idealismo.

3° A partir del s. XIX, el positivismo postula el atenerse a los hechos, tal como son, sin que se les sobrepongan interpretaciones, teorías, proyecciones, etc., considerándose por eso a sí mismo como un realismo, aunque no lo es; como tampoco son realistas otras corrientes ideológicas, más o menos inspiradas en el llamado positivismo, que se autocalifican también como realismo aunque son racionalistas o idealistas (sobre todo el materialismo, especialmente el de Marx).

Realismo ontológico

realismoEl realismo ontológico considera que, el mundo tiene una existencia independiente de nuestros marcos conceptuales, es decir, el mundo no depende de las representaciones humanas. En particular el mundo es independiente de la percepción, el pensamiento, el lenguaje o cualquier otra actividad mental de los sujetos humanos (o, eventualmente, de las máquinas o de los sujetos no humanos).

El realismo ontológico es esencialmente una posición acerca del modo de existencia de las cosas. El realismo ontológico no dice cómo son las cosas, sino sólo que tienen una manera de ser. Es decir, podemos afirmar que el mundo es independiente de nuestros patrones de individuación ( individuus: indivisible), pero de ahí no se sigue necesariamente que, podamos conocer su estructura.

En el ámbito del mundo físico, el realismo ontológico sostiene que los sistemas físicos poseen determinadas propiedades (por ejemplo, posición en el espacio-tiempo, momento, energía, etc.)

por sí mismos, con independencia de que estas propiedades sean conocidas, observadas, medidas o registradas por los sujetos humanos o los instrumentos empleados por ellos. En particular, las propiedades de los sistemas físicos nunca son producidas o creadas por los procesos de conocimiento, observación y medición, sino que existen previamente, preexisten, a tales procesos.

El problema de los universales

Hablando en términos generales se puede decir que “universal” se opone a “particular” como lo abstracto a lo concreto. Por eso los universales se conciben como entidades abstractas, en oposición a los particulares, entidades concretas y singulares. Así, si digo, “Luis es hombre”, Luis sería el particular, concreto, individuo, y “hombre” el universal, abstracto.

En esta misma línea, captar el concepto, la esencia de una cosa, sería captar el universal de la realidad concreta. La esencia es aquello que hace que algo sea lo que es y no otra cosa, “el universal esencia-hombre”. Esta esencia-universal se aplica a Luis de la misma manera que a Juan, a Guillermo o a Maquiavelo.

La definición clásica de lo universal en la filosofía escolástica: “aquello que se predica como común a todos y de cada uno (de los individuos de una totalidad, bien sea esta de ámbito absoluto, como por ejemplo el ser, o de ámbito más reducido, como el hombre, el animal, etc.). A diferencia de lo general, lo universal se refiere a una cosa muy definida y precisa que no puede faltar de ninguna manera en todos y cada uno de los individuos en la totalidad expresada por el concepto.

Como problema, ha preocupado a la Metafísica y en especial a una parte de ella: “ontología” (estudio o tratado del ser y la realidad). La cuestión era determinar qué clase de seres, de entidades, son los universales, qué realidad tienen, cuál es su forma peculiar de existencia.

Los orígenes de este problema hay que buscarlos ya en Platón, en su teoría de las ideas, aunque es en la Edad Media donde tuvo una mayor fuerza y vigencia.  Platón los situó en el Mundo Inteligible y S. Agustín en la mente de Dios.

La actitud de la filosofía antigua, medieval y renacentista será conceptuada por los racionalistas e idealistas modernos como realismo ingenuo. Consistiría éste en la aceptación inmediata y acrítica de una supuesta realidad trascendente a la conciencia, que ésta reflejaría en el conocimiento con mayor o menor fidelidad.  No realiza ninguna reflexión sobre si es posible o no el conocimiento e identifica lo percibido con el objeto sin ver la diferencia, atribuyéndoles todos los contenidos de la percepción. Por lo tanto, las cosas son tal cual las percibimos con todas sus propiedades objetivas. Para salvar la acusación de dogmatismo hecha desde posiciones kantianas e idealistas, algunos, especialmente la escuela de Lovaina, han propugnado lo que llaman un realismo crítico, que defiende la independencia ontológica del objeto respecto del sujeto, pero no como dato, sino como resultado de un proceso más. o menos demostrativo a partir de lo dado en la conciencia.

Realismo frente a nominalismo y conceptualismo

El problema de los universales se plantea formalmente en la Edad Media. Usamos palabras de indiscutible significación universal. El nominalismo afirma que nada hay universal sino nuestras palabras. El conceptualismo defiende que también los conceptos son formalmente universales, pero no en función de un paralelismo entre el entendimiento y la realidad, sino como mera consecuencia de la estructura mental humana.

realismo exageradoEl realismo exagerado o trascendental se remonta a Platón, para el cual las ideas o esencias (los universales) son lo verdaderamente real. Existen y son entes inmutables, permanentes, siempre idénticos a sí mismos, separadas e independientes de las cosas particulares; no dependen para su existencia ni de la mente humana que los piensa ni de las cosas individuales o concretas. Las cosas individuales participan de los universales.  Lo verdaderamente real no son, p. ej., los hombres individuos de este mundo, mortales y cambiantes, sino el hombre-esencia, que es y no puede no ser. Las ideas o esencias no son, por tanto, conceptos, aunque sí objetos inteligibles, ni son tampoco parte integrante del mundo sensible. Son universales ante rem.

Realismo de las ideas: Para Platón, lo mismo que para Parménides, las ideas son realidades que existen (transcendentales), no unidades sintéticas de nuestro pensamiento. Platón ha considerado las ideas como entes reales, que existen en sí y por sí, que constituyen un mundo inteligible, distinto y separado del mundo sensible. Platón, como Parménides, sigue uniendo indisolublemente la existencia y la esencia. Una vez que Platón, ayudado por el «concepto» que descubre Sócrates ayudado por el «logos», logra definir esas unidades de sentido, esas unidades de esencia, inmediatamente les confiere la existencia.

En parte en línea con el pensamiento platónico, San Agustín sostiene, sin embargo, que las esencias no son sino ideas divinas, y de ahí su condición de suprema realidad. Tales ideas divinas son además, por una parte, los modelos según los cuales el propio Dios ha creado las cosas de este mundo, y, por otra, la fuente del pensamiento humano, por cuanto nuestros conceptos no provienen del mundo sensible sino de la acción iluminativa de Dios en el intelecto humano.

Para el realismo exagerado, por tanto, los universales (lo que solemos considerar habitualmente como entidades abstractas) son verdadera y formalmente reales, y con una realidad suprema y radical, que es el fundamento del mundo sensible. Dado que es a éste al que ordinariamente aceptamos como lo real, los medievales acuñaron una expresión para delimitar la doctrina del platonismo: «universalia ante rem». Los representantes más caracterizados de este realismo en la Edad Media son los componentes de la Escuela de Chartres y Guillermo de Champeaux.

Realismo platonizante: afirma de que ciertas entidades de carácter no físico, tales como clases, números, relaciones, significados y proposiciones, tradicionalmente llamadas universales, y en la actualidad a veces entidades abstractas, existen por sí mismas y deben considerarse como parte del inventario del mundo. Como se advierte, el realismo platonizante es una tesis acerca de la existencia autónoma de determinadas entidades, por lo cual, resulta una especie del realismo ontológico. Tradicionalmente, el realismo platonizante se opone al nominalismo, es decir, a la posición que considera que los universales no son entidades sustanciales que existan por sí mismas con independencia de la mente o del lenguaje.

Realismo epistemológico

Los planteamientos espistemológicos están dados en función del análisis de la experiencia en términos de sujeto y objeto. La problemática filosófica se refiere al tipo de realidad que pueda corresponder a los objetos dados mismos. La problemática «epistemológica» ha de considerarse envolviendo a la teoría de la ciencia. Y esto se deduce del hecho de que las ciencias mismas contribuyen masivamente a los procesos de constitución de los objetos del mundo y de su estructura. El «mundo» no puede considerarse como una realidad «perfecta» que estuviese dada previamente a la constitución de las ciencias, una realidad que hubiera ya estado presente. Por el contrario, las ciencias, aun partiendo necesariamente de los lineamientos «arcaicos» del mundo, contribuirán decisivamente a desarrollarlo y, desde luego, a ampliarlo.

El realismo epistemológico (RE) es la tesis muy general de que es posible conocer el mundo tal como éste es en sí mismo. Más precisamente, nuestro conocimiento alcanza las cosas en sí, y las describe y explica en su propia naturaleza, tal como son. Por esta razón, las teorías, que son el mejor producto de nuestro conocimiento, son susceptibles de ser verdaderas o verosímiles (esto es, parcial o aproximadamente verdaderas). Considera que el mundo no sólo es independiente de nuestros marcos de descripción, sino que, además, sostiene que podemos conocer tal cual es el mundo. En otros términos, el realista epistemológico, acepta un realismo ontológico y, adicional a ello, se compromete con una tesis más fuerte con respecto a la forma en que podemos conocer el mundo.

El RE sostiene que la verdad o falsedad de las teorías científicas no depende de los sujetos de conocimiento, ni del consenso, ni de la autoridad, ni de ningún factor social, psicológico o epistémico. La verdad de las teorías depende exclusivamente del mundo mismo. Son verdaderas las teorías que describen y explican, de una manera aproximada, el mundo tal como es en sí mismo. Las teorías no crean, ni constituyen, ni determinan sus objetos o las propiedades de éstos. Únicamente los idealizan, describiéndolos de una manera parcial. Según el RE, podemos conocer la existencia tanto de cualquier entidad que forme parte del universo (sea ésta observable o no), como la de cualquiera de sus propiedades. Esto no implica que sea posible conocer de manera exhaustiva y completa todas las entidades que existen y todas sus propiedades. Pero sí implica que no hay entidades que sean incognoscibles por principio.

El realismo gnoseológico en el ámbito del conocimiento, consiste en la aceptación de la realidad trascendente a la conciencia, y, por tanto, independiente de ella y anterior al momento cognoscitivo, aun en el supuesto de que hubiera que justificarla a partir de éste. Realidad trascendente a la conciencia y además múltiple y cambiante; el racionalismo, en cambio, aboca a considerar la realidad en sentido monista o dualista.

En general, la adopción del realismo gnoseológico va acompañada de la adopción del realismo metafísico, aunque es posible defender una posición sin la otra.

Realismo moderado o inmanente

aristoteles filosofia primeraEl llamado realismo moderado o inmanente  parte de Aristóteles, que concibe lo inteligible como estructura de lo sensible. El realismo aristotélico, es un realismo natural, este ya no es ingenuo, al tener la influencia de la reflexión crítica sobre el conocimiento, distingue la percepción del objeto pero continúa proponiendo la identidad entre ellos. Para el defensor del realismo natural es tan absurdo como para el realista ingenuo que la sangre no sea roja, ni el azúcar dulce, sino que el rojo y el  dulce sólo existan en nuestra conciencia, sino que son propiedades objetivas de las cosas.

El mundo físico está constituido por entes individuales, pero las esencias de éstos son estructuras inteligibles, comunes a numerosos individuos. La primacía ontológica corresponde, por tanto, a las sustancias o esencias, que, sin embargo, no son sino en los individuos o en el intelecto; lo individual, por otra parte, no tiene en cuanto tal otra realidad que la numérica, hasta el punto de que es posible la existencia de dos o más individuos plenamente idénticos. Los universales (sustancias o esencias) existen pero no separados de las cosas concretas; son las formas o esencias inscritas en las cosas mismas. Son universales in re.

Para el realismo moderado, la universalidad se da formalmente en el concepto, pero potencialmente está en las cosas sensibles. A través del proceso abstractivo, la mente humana alcanza lo que de inteligible hay en lo sensible: la estructura común o específica. Ese proceso es universalizante en la medida en que consiste en la «inmaterialización» de la realidad corpórea.

Abelardo apunta ya a una solución integradora; en él están todos los elementos básicos de la doctrina más perspicaz y más madura, expresada con plenitud por S. Tomás de Aquino. Este, en efecto, formaliza la síntesis onto-gnoseológica de Aristóteles con la concepción agustiniana de las ideas divinas como universalia ante rem, origen y modelo últimos de la realidad sensible y, por tanto, del conocimiento intelectual humano.

Realismo metafísico

El realismo metafísico es una teoría ontológica que sostiene, no sólo que las cosas poseen independencia con respecto a nuestros esquemas de individuación, sino que, el mundo de antemano está distribuido en clases naturales; y que cosas como esencias, sustancias, espíritus, lo bueno, lo justo, entre otros, también existen al margen de nuestros patrones conceptuales. El realismo metafísico al igual que el epistemológico implica un compromiso ontológico exagerado.

El realismo metafísico, se puede decir, es una forma muy intuitiva y natural de considerar las cosas o, en otras palabras, el sentido común suele ser un realista metafísico. Pensamos que detrás de las puertas hay cosas, aunque no las hayamos abierto. De hecho, durante la antigüedad y el medioevo el realismo metafísico era el posicionamiento filosófico más aceptado. Este posicionamiento no se puso seriamente en cuestión hasta la Edad Moderna, con la filosofía de Descartes, quien tras aplicar su método de descubrir verdades indudables, llega a la conclusión de que el conocimiento y la realidad tienen un fundamento indudable, a saber, el yo o cosa que piensa.

El realismo metafísico es una actitud espontánea del ser humano ante la pregunta: ¿quién existe?, responder que existen las cosas, nosotros, los entes que nos rodean, independientemente de que haya una conciencia que las perciba. Siendo lo conocido por el sujeto mera representación de tales cosas o entes (vertiente gnoseológica del realismo).

Realismo volitivo: pertenece a la filosofía moderna, del siglo XIX. Sostiene que las experiencias de la voluntad son las que nos dan la certeza de la existencia de objetos exteriores a la conciencia. Existe una coordinación análoga entre nuestra voluntad y la realidad de las cosas, su existencia. Las cosas oponen resistencia a nuestras voliciones y deseos, y en estas resistencias vivimos la realidad de las cosas. Éstas se presentan a nuestra conciencia como reales justamente porque se hacen sentir como factores adversos en nuestra vida volitiva. Representantes: el filósofo francés Maine de Biran, Wilhelm Dilthey, Frischeisen‐Köhler, Max Scheler.

Realismo semántico

Al igual que la versión epistemológica y la metafísica, afirma que existe un mundo independiente de nuestras percepciones (acepta el realismo ontológico), a la vez que sostiene que la verdad de las teorías depende de la correspondencia entre estas y el mundo. Diéguez lo dice en estos términos:

nuestras teorías sobre el mundo serán verdaderas o falsas en función de su correspondencia o falta de correspondencia con la realidad independiente” (Diéguez ).

Realismo crítico

Se basa en la crítica (estudio) del conocimiento y en que todas las cualidades de un objeto percibido con un solo sentido existe en la conciencia cuando recibe el estímulo externo. Son reacciones de la conciencia y son propiedades que no tienen un carácter objetivo sino subjetivo. Sin embargo, suponen en las cosas ciertos elementos objetivos y causales que permiten explicar la observación de estas cualidades. El hecho de que la sangre nos parezca roja y el azúcar dulce ha de estar fundado en la naturaleza de estos objetos. El realismo crítico trata de asegurar la realidad por un camino racional.

El realismo crítico apela a razones físicas, fisiológicas y psicológicas, contra el realismo ingenuo y el natural. La física concibe el mundo como un sistema de sustancias definidas de un modo puramente cuantitativo. Aunque considera que sólo surgen en la conciencia, las concibe causadas por procesos objetivos, reales. Los tres argumentos siguientes pueden considerarse como los más importantes que el realismo crítico aduce en favor de esta tesis.

1. Diferencia elemental entre las percepciones y las representaciones. Las percepciones se trata de objetos que pueden ser percibidos por varios sujetos, mientras los contenidos de las representaciones sólo son perceptibles para el sujeto que los posee. Si alguien enseña a otros la pluma que lleva en la mano, ésta es percibida por una pluralidad de sujetos; más si alguien recuerda un paisaje que ha visto, o se representa, en la fantasía un paisaje cualquiera, el contenido de esta representación sólo existe para él. Los objetos de la percepción son perceptibles, pues, para muchos individuos; los contenidos de la representación, sólo para uno. Esta interindividualidad de los objetos de la percepción sólo puede explicarse, en opinión del realismo crítico, mediante la hipótesis de la existencia de objetos reales, que actúan sobre los distintos sujetos y provocan en ellos las percepciones.

2. Independencia de las percepciones respecto de la voluntad. Mientras que podemos evocar, modificar y hacer desaparecer a voluntad las representaciones, esto no es posible en las percepciones. Su llegada y su marcha, su contenido y su viveza son independientes de nuestra voluntad. Esta independencia tiene su única explicación posible, según el realismo crítico, en que las percepciones son causadas por objetos que existen independientemente del sujeto percipiente, esto es, que existen en la realidad.

3. Independencia de los objetos de la percepción respecto de nuestras percepciones. Los objetos de la percepción siguen existiendo, aunque hayamos sustraído nuestros sentidos a sus influjos y como consecuencia ya no los percibamos. Por la mañana encontramos en el mismo sitio la mesa de trabajo que  abandonamos la noche antes. El realismo crítico infiere de aquí que en la percepción nos encontramos con objetos que existen fuera de nosotros, que poseen un ser real.

Realismo científico

Sustenta que el mundo existe al margen de sujetos cognoscentes, que el conocimiento del mundo se adquiere parcialmente y que las teorías científicas constituyen la mejor herramienta para obtener un conocimiento del mundo, aunque sólo sea de forma parcial y aproximada.

En el primer tercio del s. XX, como reacción y en defensa de la realidad y del realismo gnoseológicoGilson, en su obra “El realismo metódico”, muestra que quien parte de la sola conciencia como dato, si es coherente, acaba en el idealismo; por ello, no hay más realismo que el de quienes aceptan como dato la rigurosa dualidad objeto-sujeto, sobre la que se proyectará luego la crítica para perfilarla, matizarla y defenderla; el realismo natural y espontáneo del conocimiento humano se continúa y perfecciona con la crítica y con las ciencias.

Los tres niveles del realismo se encuentran ya en la filosofía antigua. El realismo ingenuo es la posición general en el primer periodo del pensamiento griego. Pero ya en Demócrito  (470‐370) tropezamos con el realismo crítico. Según Demócrito, sólo hay átomos con propiedades cuantitativas (forma, tamaño). De aquí se infiere que todo lo cualitativo (color, sabor, olor) debe considerarse como adición de nuestros sentidos.

Aristóteles sostiene, al contrario que Demócrito, el realismo natural, considera que las propiedades percibidas convienen también a las cosas, independientemente de la conciencia cognoscente. Esta doctrina mantuvo su predominio hasta la Edad Moderna.

Es con la ciencia físico-matemática de la naturaleza que surge nuevamente la corriente del realismo crítico. Galileo fue el primero que defendió nuevamente la tesis de que la materia sólo presenta propiedades espacio‐temporales y cuantitativas, mientras que todas las demás propiedades deben considerarse como subjetivas. John Locke es el que más contribuyó a difundirla con su división de las cualidades sensibles en primarias y secundarias. Las primeras son aquellas que percibimos por medio de varios sentidos, como el tamaño, la forma, el movimiento, el espacio, el número. Estas cualidades poseen carácter objetivo, son propiedades de las cosas. Las cualidades secundarias, esto es, aquellas que sólo percibimos por un sentido, como los colores, los sonidos, los olores, los sabores, la blandura, la dureza, etcétera, tienen por el contrario carácter subjetivo, existen meramente en nuestra conciencia, aunque deba suponerse en las cosas elementos objetivos correspondientes a ellas.

Desde el siglo XVII el idealismo metafísico fue el posicionamiento filosófico dominante, sobre todo en la Europa continental. Sería a finales del siglo XIX cuando en Alemania, de la mano de Gotlob Frege, cuando el idealismo de corte cartesiano se pone en duda, en favor de un realismo metafísico de bastante fortalecido. La realidad se impone a la conciencia. Frege abrió las puertas para que, al menos desde la filosofía analítica, se recuperara el realismo metafísico.

Realismo e Idealismo

La disyuntiva filosófica entre el realismo y el idealismo dependen del análisis de la experiencia en términos de sujeto y de objeto. Disponemos de dos esquemas primarios para dar cuenta de la conexión entre las afecciones (sensaciones) del sujeto y los objetos apotéticos que les correspondan:

1) Realismo: el esquema que considera a las sensaciones como determinados (conformados) por objetos preexistentes (metáfora óptica del espejo: el ojo refleja los objetos exteriores –  Aristóteles: el entendimiento es el ojo del alma). Con sus variantes: espejo plano, cóncavo, quebrado…

2) Idealismo: el esquema que considera a los objetos apotéticos, los objetos constitutivos del mundo (árboles, Luna, animales, etc)  como determinados por las sensaciones (metáfora óptica de la proyección del fuego del ojo, que recorta la sombra de sus formas interiores en el exterior – pitagóricos y platónicos). Con sus variantes: idealismo material, idealismo subjetivo, idealismo trascendental. El idealismo está muy cerca del acosmismo y aun del nihilismo (de hecho, la palabra «nihilismo» fue acuñada por Hamilton para «diagnosticar» el empirismo escéptico de Hume).

El realismo equivale a un desdoblamiento del mundo (objeto conocido/objeto de conocimiento) y, por tanto, al planteamiento del problema de la trascendencia del conocimiento del mundo exterior: «¿cómo puedo pasar de mis sensaciones (inmanentes a mi subjetividad corpórea) al mundo apotético trascendente, que permanece fuera de mi?» Berkeley, mediante una reducción geométrica de la cuestión (en términos de puntos y líneas), formulaba con toda su fuerza el problema de la trascendencia en su Ensayo sobre una teoría nueva de la visión de este modo: «Todo el mundo conviene, creo yo, que la distancia no puede ser vista por sí misma y directamente. La distancia, siendo una línea dirigida derechamente al ojo, tan solo proyecta un punto en el fondo del mismo».

El idealismo, por su parte, aun cuando orilla el problema de la trascendencia, abre otro problema, el problema de la hipóstasis o «constitución del objeto» respecto del sujeto: «¿cómo puedo segregar del sujeto los objetos construidos y proyectados por las facultades cognoscitivas?» Pues sólo tras un proceso de hipostatización del objeto (que lo «emancipe» del sujeto que lo proyecta) cabría dar cuenta de la independencia que los objetos muestran respecto de la subjetividad proyectante. Ahora bien, son las ciencias las que «constituyen» y «proyectan» objetos tales (nebulosas transgalácticas, estados ultramicroscópicos, rocas precámbricas,…) que piden una emancipación e hipóstasis mucho más enérgica de la que se necesita para dar cuenta de la percepción ordinaria precientífica de nuestro entorno actual.

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