Magic mirror

El otro como espejo. Conocer el YO desde el TÚ


¿Proyecto la imagen que tengo de mi persona o una distinta? El ejercicio de definirse suele ser muy subjetivo, ya que somos nosotros mismos objetos de la evaluación. La visión y la retroalimentación del otro mostrará aspectos de mi ser y hacer ocultos a mi persona.

Me festejo y me canto y lo que yo asuma tú habrás de asumir,pues cada átomo mío también es tuyo. 

Walt Whitman, «Canto de mí mismo»

«una vida sin examen no merece la pena d ser vivida»

Sócrates

Una invitación a revisar constantemente nuestros actos y pensamientos. Sólo por medio del autoexamen podemos llegar a una de las metas fundamentales de toda persona: el conocimiento de sí. No obstante, la sola intención de analizarse a profundidad no basta, pues tendemos a caer en las redes de la autocomplacencia. Para ello el otro es indispensable.

La tarea del autoconocimiento parece cardinal al tiempo que se escabulle cada que la intentamos. La mayor parte de las veces ante la interrogante sobre uno mismo se responde lo que uno quisiera ser. Es necesario tener aspiraciones –querer ser–, pero para ello lo primero es saber quién soy, pues sólo sabiéndolo podré alcanzar dicho deseo. El autoengaño suele convertirse en un obstáculo que es posible superar por medio del autodistanciamiento o la capacidad para verme desde fuera y así observar lo que realmente soy y no lo que quisiera ser que aún no soy.

ESPEJITO, ESPEJITO…

En Blancanieves  una hechicera busca la aprobación sobre su belleza de un espejo mágico; ella es feliz mientras éste la complace, hasta que un día el espejo no hace eco de lo que la bruja quiere y desata su furia.

¿Cuántas veces nos ha sucedido algo semejante? Nos vemos al espejo esperando encontrar una imagen distinta a la que éste refleja. Podemos aceptarla y siguir adelante o negar lo que está frente a nosotros. Si resulta difícil aceptar la imagen que el espejo proyecta, más difícil aún es conocerme por dentro.

Conócete a ti mismo -frase popularizada por Sócrates- se engarza con otra frase mundialmente famosa que es la aristotélica todos deseamos por naturaleza saber. Entre ambas se alimenta el amor por el conocimiento. Nos motiva a continuar hurgando en las arcas del saber al tiempo que cuando lo obtenemos nos percatamos de lo vasta que es la verdad. Parte importante de dicho conocimiento es el propio, que a su vez, es la tarea más complicada e ineludible que tenemos entre manos.

Responder a la pregunta quién soy conlleva un cúmulo de ejercicios mentales que con frecuencia se ven mermados por atajos que no necesariamente dan con la respuesta. Dado que el objeto del conocimiento soy yo, y yo soy quien realiza dicho ejercicio, es inevitable caer en el subjetivismo. La mejor ayuda en este caso es la presencia del otro. Aceptarlo es, además, un acto de humildad.

DIÁLOGO: LA MEJOR MANERA DE PENSAR

Imagine a El pensador, de Rodin. ¿Qué proyecta la escultura de Rodin? ¿Qué vemos? Un hombre desnudo, sentado sobre una piedra, arqueado y con el dorso de la mano sosteniendo su barbilla como si la cabeza fuera a caerse, le pesa, pues está llena de pensamientos. El rostro impávido y la mirada fija. Un hombre sereno, cuya tranquilidad puede ser sólo un espejismo de lo que sucede en su interior. Ésta es la imagen universal de alguien reflexionando. ¿Podría ser también la de una persona que se conoce a sí misma? Podríamos imaginar, ¿cuánto tiempo más seguirá pensando? ¿Cuántas ideas originales han atravesado su mente en estos siglos? ¿Cuánto más puede soportar antes de que surja la inevitable necesidad por compartirlo?

Las ideas son estériles si habitan sólo una mente. La fecundidad del pensamiento radica en la posibilidad de que la idea sea concebida por más personas, lo que logramos por medio de los diferentes modos del diálogo: desde el común intercambio verbal entre dos personas, hasta la lectura de un libro o el presenciar una obra de teatro.

Sólo a través del diálogo puedo pensar con mayor claridad. Al esforzarme para explicarle a otro lo que parece que está muy claro en mi mente, me percato de qué tanto realmente entiendo mi idea. 

Al hacerlo puedo recibir retroalimentación que me permitirá armar mejor el rompecabezas de lo que pienso y de esta manera también le doy a otro la oportunidad de hacer lo mismo.

La novela de Cervantes, Don Quijote, es un constante diálogo entre estos dos personajes (el Quijote y Sancho Panza) que se escuchan y se influyen. La conversación adquiere un valor trascendente, pues permite escapar al vacío que se crea cuando nadie está conmigo para que pueda compartirme. ¿Qué sería del Ingenioso Hidalgo sin Sancho?

 

LA SEDUCCIÓN DE NARCISO: EL AUTOENGAÑO

Enajenado en mí mismo resulta imposible llegar a saber quién soy. El autoengaño es un recurso recurrente, se podría considerar un mecanismo de defensa para evitar que nos reprendan por nuestros actos, sabemos que hicimos mal y por eso mentimos, no nos gusta aceptar nuestros fallos. Lo peligroso del autoengaño es que poco a poco comenzamos a creerlo: «¡Soy lo máximo! No entiendo por qué nadie me valora».

Enamorarse de su propia imagen le provocó la muerte a Narciso. Narciso se engañó a sí mismo; la consecuencia: el fin de su existencia. Aquí aprovecho el mito para explicar cómo el no reconocerse puede ser perjudicial, incluso mortal, para las aspiraciones humanas.

Autoengañarse es dañino no sólo para quien se engaña, sino para el resto de la humanidad. Es lógico cuestionarse cómo es posible que una persona que se autoengaña sea honesta. El autoengaño atenta directamente contra la posibilidad de albergar verdad. Seré aceptado por quien soy, no por quien yo quisiera ser.

Esta acción atenta contra nuestra propia naturaleza. Lo señalaba san Agustín: He encontrado a muchos que querían engañar, pero a ninguno que quisiera dejarse engañar. Entonces ¿por qué lo hacemos? Porque nos hace falta la presencia del otro que nos enfrente con nosotros mismos.

 

EL CONOCIMIENTO DE SÍ GRACIAS A UNA PARTERA

Para romper con el vicio de pensarnos los mejores y esconder las propias fallas hace falta el autodistanciamiento. De lo contrario caeremos en el remolino del subjetivismo y de la soberbia. El autodistanciamiento nos permitirá mayor objetividad a la hora de afirmar quiénes somos. Para ello, el otro es la herramienta más importante. Sin la posibilidad de la crítica ajena es imposible la propia. El otro me hace «ver» cosas de mí previamente ocultas.

Para conocerme, además de la honestidad es indispensable la franqueza que ha de ser bidireccional. Es incongruente hablar con franqueza y señalar aciertos y errores en los demás pero molestarme cuando alguien más lo hace conmigo.

El método para conseguir autodistanciamiento y reconocernos es herencia del mismo ateniense que popularizó el tema que aquí nos ocupa: conócete a ti mismo. Este método es conocido como mayeútica, el arte de a luz el conocimiento. Sócrates ayudaba a que los demás parieran ideas. Este método lo concibió Sócrates de su madre cuya profesión era ser partera.

Sócrates la utilizaba como una forma de argumentación que le permitía al otro darse cuenta de su propia ignorancia. Porque nada hay más peligroso que un ignorante que se cree sabio, pues en nombre de dicho «conocimiento» actuará y tomará decisiones. Al ignorante no le será fácil aceptarlo. De allí la insistencia en la honestidad y la humildad mencionadas. En cambio, cuando me reconozco ignorante, o al menos limitado, quedo abierto hacia la profundidad de cualquier conocimiento. Este reconocimiento proviene de verme «desde afuera».

Lo difícil no era responder a las preguntas, sino al final aceptar que el pensamiento original era erróneo. ¿Alguna vez le ha sucedido esto?

Interrogar al otro –no como la malvada reina de Blancanieves hacía con el espejo– sino en aras de conocerlo y conocerme auténticamente, es lo más humano que podemos realizar.

Sólo mediante el conocimiento de mí mismo puedo saber realmente lo que quiero. Porque si aún me desconozco no puedo ser yo el actor de mis deseos. Por eso hemos de recorrer cada día la búsqueda por el conócete a ti mismo. Si nos cuesta trabajo dar con la respuesta, siempre habrá alguien que nos pueda ayudar.

Artículo completo en: istmo.mx

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