Jesús

La filosofía de Jesús de Nazaret fue paradójica


Antropólogos e historiadores revelan la profundidad simbólica y el humanismo universal de esta figura histórica. Las actuales ciencias humanas y los estudios culturales de campo están posibilitando una revisión humanística de la singular figura histórica del Nazareno

Las investigaciones sobre Jesús de Nazaret se han animado en los últimos tiempos gracias a los trabajos de los protestantes G. Theissen y A. Merz; de los católicos J.D. Crossan y J.P.Meier; de los historiadores E.P.Sanders y R. E. Brown; y de la feminista E. Schüsler Fiorenza, entre otros muchos autores contemporáneos.

¿Qué vale al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mateo16, 26). 

Se ha planteado novedosamente la inserción de Jesús en el amplio horizonte cultural de su tiempo, caracterizado por un judaísmo helenístico, tratando de esclarecer el pensamiento propio del gran maestro de Nazaret.

El pensamiento jesuánico hay que ubicarlo en la gran tradición sapiencial tanto judía como helenística, que confluyen en los comienzos de nuestra era cristiana.

Por una parte está la tradición sapiencial judía representada por los libros de la sabiduría (Job, Salmos, Lamentaciones, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los cantares, Sabiduría, Eclesiástico); por otra parte está la tradición sapiencial helenística, con su aporte esencialmente griego, pero también egipcio o mesopotámico.

Judaísmo helenístico

El cristianismo comparece como una síntesis de judaísmo y helenismo, que es el horizonte cultural en que se mueve el magisterio del Nazareno, un judío no de Judea sino de Galilea, un ámbito abierto a las influencias tanto judaicas como extrajudaicas, gentiles o paganas.El libro Eclesiastés o Qohélet, escrito en el siglo III a.C., muestra palmariamente el cruce de motivos hebreos y paganos, sagrados y profanos, religiosos y seculares.Los actuales estudios antropológicos presenten a Jesús de Nazaret influenciado tanto por su propia tradición judía como por el helenismo ambiental, tanto por la tradición sapiencial hebrea como por la tradición sapiencial greco-romana.Se ha podido hablar de influjos no sólo teológicos sino filosóficos, hasta el punto de observar en los Evangelios tanto canónicos como apócrifos un cierto toque estoico o bien cínico, incluso epicúreo, como hace J.D.Crossan y el Jesus Seminar, pero también podríamos hablar sin ir más lejos del platonismo o del heracliteísmo.E. Schüsler Fiorenza interpreta a Jesús como el Hijo de la Sofía, la cual encarna a la vez la sabiduría divina femenina tanto hebrea como griega, presentando el camino evangélico como el camino de la verdad de la vida, de acuerdo con la tradicional expresión jesuánica: “yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Filosofía paradójica

En una primera impresión, la filosofía de Jesús de Nazaret parece un dualismo tradicional que contrapone Dios al diablo, la divinidad a lo mundano, el cielo a la tierra, el bien al mal. Un dualismo de carácter gnóstico o platónico (…)

La filosofía jesuánica es una filosofía paradójica, cuya clave es la filosofía de la cruz: la cual es, según san Pablo, la auténtica cruz de todo pensamiento o filosofía racionaloide.

La cruz cristiana simboliza el encuentro paradójico o encrucijada de los contrarios: la vida y la muerte, la muerte y la resurrección, la inmanencia y la trascendencia, la horizontal y la vertical.En la cruz cristiana la mediación de los contrarios está encarnada por el propio Jesús que, cual Cristo-Hermes, lo humano y lo divino, lo material y lo espiritual, a modo de Alma del mundo cuya clave simbólica es la aferencia o el amor de los contrarios (simbolizados por el buen ladrón y el mal ladrón, el bien y el mal, Dios y lo demoníaco).He aquí que en la cruz, como hora de la muerte, el mal y lo demoníaco resulta sublimado o trascendido, transustanciado o trasfigurado por la gracia de Dios definida como amor (encarnado). El gran signo de esta redención es la bajada a los infiernos del Cristo para liberar del Sheol o Hades a los muertos de su destino pagano o demoníaco.Cruz y resurrecciónLa filosofía jesuánica de la cruz recoge las contradicciones y oposiciones de lo real y lo somete a una revelación o positivación de su sentido cautivo a través de una fe que, como intuyó Lutero, es fiducia o confianza y, por lo tanto, amor.

Sin embargo, no se trata de una dialéctica de la superación (abstracta), sino de una dualéctica de la supuración (encarnada o encarnatoria). Ello equivale a decir que hay una luz que brilla en medio de las tinieblas, asumiendo el mal y transustanciándolo simbólicamente.

El simbolismo sagrado del pan y del vino reconvertido en cuerpo y sangre de Cristo es el arquetipo de semejante simbolización cristiana donadora de sentido al mismo sinsentido, como lo muestra en el límite la muerte que se sobrepone a toda contingencia temporal en nombre de las transtemporalidad eterna.

Lo cual no deja de tener un sentido a la vez religioso y pagano, judío y helenístico, ya que en la muerte pasan a mejor vida los que no se han identificado con el mundo (corrupto), mientras que los mundanos pasarán sin duda a peor vida…

Intrigantemente la simbología cristiana que da sentido al sinsentido, así como vida eterna al tiempo mortal está significada cristianamente por la resurrección, resurrección que filosóficamente es una resucitación simbólica frente a la muerte.

Curiosamente esta resucitación simbólica se adscribe específicamente en los Evangelios a las mujeres del entorno de Jesús, que son las que lo siguen bajo la cruz hasta su resurrección; lo cual procedería del carácter pro-creador de sentido propio de la mujer.

Por ello no resulta tampoco extraño que el Dios de Jesús sea un Dios masculino y femenino, padre y madre, padre materno (abba=papá). Ni tampoco que el profeta escatológico de Nazaret y sanador carismático esté animado por un ánimo masculino y anidado por un ánima femenina, de ahí su magnanimidad o grande ánimo y su grande ánima o alma, que lo emparenta con el Mahatma Gandhi, el Buda o Francisco de Asís.

Por Andrés Ortiz Osés.

http://www.tendencias21.net/La-filosofia-de-Jesus-de-Nazaret-fue-paradojica_a28629.html

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