El eremita. “No es tu destino ser espantamoscas”


“Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijo­nes de los pequeños.”

“En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo: gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los come­diantes giran el pueblo y la fama: así marcha el mundo.”

Sobre los “grandes hombres”:

“En el mundo las mejores cosas no valen nada sin alguien que las represente: grandes hombres llama el pueblo a esos actores. Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de es­píritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer, ¡a creer en él!. Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. […] Derribar, eso significa para él: demostrar. Volver loco a uno, eso significa para él: convencer. Y la sangre es para él el mejor de los argumentos. [… ]”

Sobre las “moscas venenosas”:

“Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por ello ¡guárdate de los pequeños!. Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos. Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza. Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad, tus fallos. Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas.”

Sobre los inventores de nuevos valores (creadores):

“El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. […] ¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se ha colgado la verdad del brazo de un incondicional. Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que aguardar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad. Todo lo grande se aparta del mercado y de la fama: apartados de ellos han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores.”

“Procura que no se convierta en tu fatalidad el sopor­tar toda su venenosa injusticia!.”

Notas del libro: “Así habló Zaratustra.” Nietzsche, Friedrich.

Todo es provisional


El Buda Curioso

Todo es provisional: el amor, el arte, el planeta Tierra, vosotros, yo. La muerte es algo tan ineludible que pilla a todo el mundo por sorpresa. ¿Cómo saber si este día no será el último? Creemos tener tiempo. Y luego, de repente, ya está, nos ahogamos, fin del tiempo reglamentario. La muerte es la única cita que no está anotada en nuestra agenda.

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Una pila de combustible podría explicar cómo surgió la vida en la Tierra


Las células de combustible generan energía eléctrica mediante la reacción de combustibles y oxidantes: una molécula pierde electrones (se oxida) y otra los gana (se reduce). Ello se llama reacción de reducción-oxidación o reacción redox.

La energía en objetos biológicos se genera de la misma manera: la fotosíntesis de las plantas consiste en la generación de energía eléctrica a partir de la reducción de dióxido de carbono en azúcares y la oxidación del agua en oxígeno molecular. En el cuerpo humano la respiración de las células es la oxidación de los azúcares en dióxido de carbono y la reducción del oxígeno en el agua, durante lo cual se produce energía eléctrica.

Los científicos supusieron que ciertos ambientes geológicos, como las fuentes hidrotermales, podrían haber funcionado como ‘células de combustible del medio ambiente’, ya que la energía eléctrica puede generarse en las reacciones redox entre los combustibles y oxidantes hidrotermales del agua marina.

Elemento clave

El equipo de Barge sustituyó los tradicionales catalizadores de platino de las células de combustible por compuestos de minerales geológicos. Aunque el hierro y el níquel no son tan activos como el platino, la pequeña pero significativa energía que se produjo demostró con éxito que estos elementos pueden generar electricidad en células de combustible y, por lo tanto, catalizar las reacciones redox en las fuentes hidrotermales de la Tierra primitiva, o en cualquier otro mundo donde haya agua líquida, como Marte o Europa, un satélite jupiteriano.

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Pilas de combustible inspiraron a los científicos a crear una teoría sobre cómo la vida biológica podría haber surgido del reino mineral hace 3.000 millones de años.

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El rostro de la verdad


“En ese rostro devastado por el odio hacia la filosofía he visto por primera vez el retrato del Anticristo, que no viene de la tribu de Judas, como afirman los que anuncian su llegada, ni de ningún país lejano. El Anticristo puede nacer de la misma piedad, del excesivo amor por Dios o por la verdad, así como el hereje nace del santo y el endemoniado del vidente. […] Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque tal vez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión[…]”

“Nunca he dudado de la verdad de los signos, Adso, son lo único que tiene el hombre para orientarse en el mundo. Lo que no comprendí fue la relación entre los signos.”

“El orden que imagina nuestra mente es como una red, o una escalera, que se construye para llegar hasta algo. Pero después hay que arrojar la escalera, porque se descubre que, aunque haya servido, carecía de sentido.”

Pasaje de: Eco, Umberto. “El Nombre de la Rosa.”

Notas sobre la risa en el libro “El Nombre de la Rosa”


“Te han mentido. El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va, y siempre va hacia el sitio del que procede.” 

«Apenas Dios rió, nacieron siete dioses que gobernaron el mundo; apenas se echó a reír, apareció la luz; con la segunda carcajada apareció el agua; y al séptimo día de su risa apareció el alma…»

el hombre es —de todos los animales— el único capaz de reír

Los padres habían dicho lo que había que saber sobre el poder del Verbo y bastó con que Boecio comentase al Filósofo (refiriéndose a Aristóteles) para que el misterio divino del Verbo se transformara en la parodia humana de las categorías y del silogismo. El libro del Génesis dice lo que hay que saber sobre la composición del cosmos, y bastó con que se redescubriesen los libros físicos del Filósofo para que el universo se reinterpretara en términos de materia sorda y viscosa, y para que el árabe Averroes estuviese a punto de convencer a todos de la eternidad del mundo. Sabíamos todo sobre los nombres divinos, y el dominico enterrado por Abbone, seducido por el Filósofo, los ha vuelto a enunciar siguiendo las orgullosas vías de la razón natural. De este modo, el cosmos, que para el Areopagita se manifestaba al que sabía elevar la mirada hacia la luminosa cascada de la causa primera ejemplar, se ha convertido en una reserva de indicios terrestres de los que se parte para elevarse hasta una causa eficiente abstracta. Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo. Pero aún no había llegado a trastocar la imagen de Dios. Si este libro (refiriéndose a segundo libro de Aristóteles, Poética) llegara… si hubiese llegado a ser objeto de pública interpretación, habríamos dado ese último paso.

“La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. (…) Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. (…) Pero aquí, aquí…, aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte, se le abren las puertas del mundo de los doctos, se la convierte en objeto de filosofía, y de pérfida teología (…) la iglesia puede soportar la herejía de los simples, que se condenan por sí solos, destruidos por su propia ignorancia. La inculta locura de Dulcino y de sus pares nunca podrá hacer tambalear el orden divino. Predicará la violencia y morirá por la violencia, no dejará huella alguna, se consumirá como se consume el carnaval, y no importa que durante la fiesta se haya producido en la tierra, y por breve tiempo, la epifanía del mundo al revés. Basta con que el gesto no se transforme en designio, con que esa lengua vulgar no encuentre una traducción latina. La risa libera al aldeano del miedo al diablo (…). Pero este libro podría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación: pero este libro podría enseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres, con los que legitimar esa inversión. Entonces se transformaría en operación del intelecto aquello que en el gesto impensado del aldeano aún, y afortunadamente, es operación del vientre. (…) La risa distrae, por unos instantes, al aldeano del miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios. (…) Al aldeano que ríe, mientras ríe, no le importa morir, pero después, concluida su licencia, la liturgia vuelve a imponerle, según el designio divino, el miedo a la muerte. Y de este libro podría surgir la nueva y destructiva aspiración a destruir la muerte a través de la emancipación del miedo. (…) Y este libro, que presenta como milagrosa medicina a la comedia, a la sátira y al mimo, afirmando que pueden producir la purificación de las pasiones a través de la representación del defecto, del vicio, de la debilidad, induciría a los falsos sabios a tratar de redimir (diabólica inversión) lo alto a través de la aceptación de lo bajo. De este libro podría deducirse la idea de que el hombre puede querer en la tierra (como sugería tu Bacon a propósito de la magia natural) la abundancia del país de Jauja. Pero eso es lo que no debemos ni podremos tener. Mira cómo los monjecillos pierden toda vergüenza en esa parodia burlesca que es la Coena Cypríani. ¡Qué diabólica transfiguración de la escritura sagrada! Sin embargo, lo hacen sabiendo que está mal. Pero si algún día la palabra del Filósofo justificase los juegos marginales de la imaginación desordenada, ¡oh, entonces sí que lo que está en el margen saltaría al centro, y el centro desaparecería por completo! (…) Dijo un filósofo griego (que tu Aristóteles cita aquí, cómplice e inmunda auctoritas) que hay que valerse de la risa para desarmar la seriedad de los oponentes, y a la risa, en cambio, oponer la seriedad. La prudencia de nuestros padres ha guiado su elección: si la risa es la distracción de la plebe, la licencia de la plebe debe ser refrenada y humillada y atemorizada mediante la severidad. (…)

“No nos da miedo la blasfemia (..). No nos da miedo la violencia que mata a los pastores en nombre de alguna fantasía de renovación(…). No nos da miedo el rigor del donatista, la locura suicida del circuncelión, la lujuria del bogomilo, la orgullosa pureza del albigense, la necesidad de sangre del flagelante, el vértigo maléfico del hermano del libre espíritu: los conocemos a todos, y conocemos la raíz de sus pecados, que es la misma raíz de nuestra santidad. No nos dan miedo, y sobre todo sabemos cómo destruirlos, mejor, cómo dejar que se destruyan solos llevando perversamente hasta el cénit la voluntad de muerte que nace de los propios abismos de su nadir. Al contrario, yo diría que su presencia nos es imprescindible, se inscribe dentro del plan divino, porque su pecado estimula nuestra virtud, su blasfemia alienta nuestra alabanza, su penitencia desordenada modera nuestra tendencia al sacrificio, su impiedad da brillo a nuestra piedad, así como el príncipe de las tinieblas fue necesario, con su rebelión y su desesperanza, para que resplandeciera mejor la gloria de Dios, principio y fin de toda esperanza. Pero si algún día, y ya no como excepción plebeya, sino como ascesis del docto, confiada al testimonio indestructible de la escritura, el arte de la irrisión llegara a ser aceptable, y pareciera noble, y liberal, y ya no mecánica, si algún día alguien pudiese decir (y ser escuchado): Me río de la Encarnación… Entonces no tendríamos armas para detener la blasfemia, porque apelaría a las fuerzas oscuras de la materia corporal, las que se afirman en el pedo y en el eructo, ¡y entonces el eructo y el pedo se arrogarían el derecho que es privilegio del espíritu, el derecho de soplar donde quiere!”.

“Los simples no deben hablar. Este libro habría justificado la idea de que la lengua de los simples es portadora de algún saber. ”

Pasajes de: Eco, Umberto. “El Nombre de la Rosa.”

El origen dependiente


Este excelente articulo complementa el concepto de vacuidad o vacío en la filosofía budista.

El Buda Curioso

El origen dependiente es uno de los conceptos claves en los que se fundamenta el budismo. Estrechamente relacionado con el concepto de vacío, el origen dependiente significa que todo aquello que existe ha surgido a partir de otro algo debido a unas causas y condiciones determinadas. Si esas causas y condiciones cesasen, dejaría de existir.

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La vacuidad


El Buda Curioso

La vacuidad o el vacío, además de clave para la comprensión del budismo, es un término bastante mal entendido. El vacío se refiere a la inexistencia de entidad propia de cualquier objeto o fenómeno, y no a la mera ausencia de materia. Según dicho concepto de vacío, los objetos y fenómenos existen sólo en función de la mente que los designa.

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