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Una mirada al pasado para entender el presente


Un vistazo al pasado, a los clásicos en el pensamiento filosófico que nos pueden ayudar a entender y encontrar respuestas a los problemas del presente.

“ten presente que los hombres, hagan lo que hagan, siempre serán los mismos”. Marco Aurelio

El ser humano, aunque ha evolucionado tecnológicamente, es, en esencia, lo mismo que fue en los albores de nuestra civilización. Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de relacionarnos. Todo es más inmediato y viral, pero los protagonistas de la historia seguimos siendo nosotros.

Otra cosa que no ha variado es la unión de las personas en pos de un objetivo común, que es, muy esquemáticamente, lo que una empresa significa. Para llevar a cabo una empresa, la fijación de objetivos claros es fundamental.

“cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, todos los vientos son desfavorables”…“quien pretende llegar a un sitio determinado emprenda un solo camino y déjese de tantear muchos a un tiempo, pues esto no es caminar, sino vagar”…“a los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”… Séneca

Andar el camino no es fácil, no hay que dormirse en los laureles.

“comenzar bien no es poco, pero tampoco es mucho”. Sócrates.

“cuando más hacemos, más podemos hacer; cuando estamos más ocupados es cuando tenemos más tiempo para divertirnos”. Pitágoras

Superar las dificultades que van saliendo por el camino.

“esperemos lo que deseamos, pero soportemos lo que acontezca”. Cicerón

“si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo, puesto que es la máxima sabiduría”. Tales de Mileto

La búsqueda siempre tiene recompensa.

“si buscas, encontrarás”. Platón

Pero sobre todo, hay que tener ambición.

“el futuro no es nuestro, pero tampoco se puede decir que no nos pertenezca del todo”. Epicuro

Para poder mirar hacia adelante, uno tiene que evolucionar. El cambio debe ser algo consustancial a nuestra actividad. Adaptarse a los nuevos tiempos es la única constante.

“nada es permanente a excepción del cambio”. Heráclito

“jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas descubiertas”. Séneca

La consecución de los objetivos no ha de apartarnos de nuestra esencia.

Había una máxima en la entrada del templo de Apolo en Delfos que rezaba así: “conócete a ti mismo”, frase que luego hizo suya Solón de Atenas.

“crees que tienes que habértelas con muchas dificultades, pero la verdad es que la mayor dificultad está en ti y tú eres el estorbo para ti mismo”. Séneca

“no malgastes lo que te queda de vida en conjeturar sobre los demás, a no ser que busques el bien común. Pues imaginar qué pueden estar haciendo y por qué, qué están pensando y qué planean, te aturde y te aparta de tu guía interior”. Marco Aurelio

“sólo es útil el conocimiento que nos hace mejores”. Sócrates

La discreción y la prudencia son también fundamentales.

“el que no sabe callar lo que debe, no sabe hablar lo que debe”. Pítaco de Mitilene

“no permitas que tu lengua corra más que tu inteligencia”. Quilón de Esparta

“no lo hagas si no conviene, no lo digas si no es verdad”. Marco Aurelio

Hay que ser críticos.

“prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”… Séneca

“nunca discutas con un superior. Corres el riesgo de tener razón”. Marco Aurelio

“todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad”. Marco Aurelio

No hay que tener miedo de nadie.

“a algunos se les considera grandes porque también se cuenta el pedestal”. Séneca

[La honradez] “es siempre digna de elogio, aun cuando no reporte utilidad, ni recompensa, ni provecho”. Cicerón

“la diligencia es una gran ayuda para el que posee un mediocre ingenio”. Séneca

Siempre ponedle pasión a las cosas.

“un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella”. Séneca.

Si todo sale mal, no desesperéis.

“no pretendas que las cosas ocurran como tú quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz”. Epícteto

“llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio”. Epicuro

 

Reflexión – una mirada al pasado para entender el presente.
Bienes arqueológicos, paleontológicos. http://www.loa.org.ar/

Fuente: http://www.loa.org.ar/espacioDetalle.aspx?ID=d327cd34-ea25-4529-9d88-bd1d60383cf3

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Sobre la verdad


Retomando después de un tiempo, mi compleja, pero enriquecedora actividad de leer “Más allá del bien y del mal” de Nietzsche, he querido compartir aquí algunas reflexiones sobre “la verdad“.

«¿Cómo podría una cosa surgir de su antítesis? ¿Por ejemplo, la verdad, del error? ¿O la voluntad de verdad, de la voluntad de engaño? ¿O la acción desinteresada, del egoísmo? ¿O la pura y solar contemplación del sabio, de la concupiscencia?. Semejante génesis es imposible… las cosas de valor sumo es preciso que tengan otro origen, un origen propio, ¡no son derivables de este mundo pasajero, seductor, engañador, mezquino, de esta confusión de delirio y deseo! Antes bien, en el seno del ser, en lo no pasajero, en el Dios oculto, en la “cosa en sí” – ¡ahí es donde tiene que estar su fundamento, y en ninguna otra parte!»

Este modo de juzgar constituye el prejuicio típico por el cual resultan reconocibles los metafísicos de todos los tiempos; esta especie de valoraciones se encuentra en el trasfondo de todos sus procedimientos lógicos; partiendo de este «creer» suyo se esfuerzan por obtener su «saber», algo que al final es bautizado solemnemente con el nombre de «la verdad».

La creencia básica de los metafísicos es la creencia en las antítesis de los valores. Ni siquiera a los más previsores entre ellos se les ocurrió dudar ya aquí en el umbral, donde más necesario era hacerlo…

En efecto, es lícito poner en duda, en primer término, que existan en absoluto antítesis, y, en segundo término, que esas populares valoraciones y antítesis de valores… sean algo más que estimaciones superficiales, algo más que perspectivas provisionales… perspectivas tomadas desde un ángulo.

Pese a todo el valor que acaso corresponda a lo verdadero, a lo veraz, a lo desinteresado: sería posible que a la apariencia, a la voluntad de engaño, al egoísmo y a la concupiscencia hubiera que atribuirles un valor más elevado o más fundamental para toda vida. Sería incluso posible que lo que constituye el valor de aquellas cosas buenas y veneradas consistiese precisamente en el hecho de hallarse emparentadas, vinculadas, entreveradas de manera capciosa con estas cosas malas, aparentemente antitéticas, y quizá en ser idénticas esencialmente a ellas.

La «consciencia», en ningún sentido decisivo, es antitética de lo instintivo. La mayor parte del pensar consciente de un filósofo está guiada de modo secreto por sus instintos y es forzada por éstos a discurrir por determinados carriles. También detrás de toda lógica y de su aparente soberanía de movimientos se encuentran valoraciones o, hablando con mayor claridad, exigencias fisiológicas orientadas a conservar una determinada especie de vida.

Que lo determinado es más valioso que lo indeterminado, la apariencia, menos valiosa que la «verdad»: a pesar de toda su importancia regulativa para nosotros, semejantes estimaciones podrían ser, sin embargo, nada más que estimaciones superficiales, quizá necesaria precisamente para conservar seres tales como nosotros. Suponiendo, en efecto, que no sea precisamente el hombre la «medida de las cosas»…

 La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra él… La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quizá incluso selecciona la especie; y nosotros estamos inclinados por principio a afirmar que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones lógicas, si no midiese la realidad con el metro del mundo puramente inventado de lo incondicionado, idéntico-a-sí- mismo, si no falsease permanentemente el mundo mediante el número, – que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida. Admitir que la no-verdad es condición de la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal.

Más allá del bien y del mal

Friedrich Nietzsche

No se pone fin a la enemistad con la enemistad, sino con la amistad.


“El enojo, la susceptibilidad enfermiza, la impotencia para vengarse, el placer y la sed de venganza, el mezclar venenos en cualquier sentido para personas extenuadas es ésta, sin ninguna duda, la forma más perjudicial de reaccionar: ella produce un rápido desgaste de energía nerviosa, un aumento enfermizo de secreciones nocivas, de bilis en el estómago, por ejemplo. El resentimiento constituye lo prohibido en sí para el enfermo: su mal, por desgracia también su tendencia más natural. Esto lo comprendió aquel gran fisiólogo que fue Buda. Su «religión», a la que sería mejor calificar de higiene, para no mezclarla con casos tan deplorables como es el cristianismo, hacía depender su eficacia de la victoria sobre el resentimiento: liberar el alma de él, primer paso para curarse. «No se pone fin a la enemistad con la enemistad, sino con la amistad»; esto se encuentra al comienzo de la enseñanza de Buda; así no habla la moral, así habla la fisiología. El resentimiento, nacido de la debilidad, a nadie resulta más perjudicial que al débil mismo. En otro caso, cuando se trata de una naturaleza rica, constituye un sentimiento superfluo, un sentimiento tal que dominarlo es casi la demostración de la riqueza.”

Pasaje de: Nietzsche, Friedrich. “Ecce homo.”

A propósito de los lisiados


«Si al joro­bado se le quita su joroba, se le quita su espíritu […] Y si al ciego se le dan sus ojos, verá demasiadas co­sas malas en la tierra: de modo que maldecirá a quien lo curó. Y el que haga correr al paralítico le causa el mayor de todos los perjuicios: pues apenas pueda correr, sus vicios, desbocados, lo arrastran consigo.

Mas, desde que estoy entre hombres, para mí lo de menos es ver: “A éste le falta un ojo, y a aquél una oreja, y a aquel tercero la pierna, y otros hay que han perdido la lengua o la nariz o la ca­beza”.

“Yo veo y he visto cosas peores, y hay algunas tan horribles que no quisiera hablar de todas, y de otras ni aun callar qui­siera, a saber: seres humanos a quienes les falta todo, excepto una cosa de la que tienen demasiado – seres humanos que no son más que un gran ojo, o un gran hocico, o un gran estóma­go, o alguna otra cosa grande, lisiados al revés los llamo yo.”

Nietzsche, Friedrich. “Así habló Zaratustra.”.

El eremita. “No es tu destino ser espantamoscas”


“Huye, amigo mío, a tu soledad! Ensordecido te veo por el ruido de los grandes hombres, y acribillado por los aguijo­nes de los pequeños.”

“En torno a los inventores de nuevos valores gira el mundo: gira de modo invisible. Sin embargo, en torno a los come­diantes giran el pueblo y la fama: así marcha el mundo.”

Sobre los “grandes hombres”:

“En el mundo las mejores cosas no valen nada sin alguien que las represente: grandes hombres llama el pueblo a esos actores. Espíritu tiene el comediante, pero poca conciencia de es­píritu. Cree siempre en aquello que mejor le permite llevar a los otros a creer, ¡a creer en él!. Mañana tendrá una nueva fe, y pasado mañana, otra más nueva. […] Derribar, eso significa para él: demostrar. Volver loco a uno, eso significa para él: convencer. Y la sangre es para él el mejor de los argumentos. [… ]”

Sobre las “moscas venenosas”:

“Lo que nosotros reconocemos en un hombre, eso lo hacemos arder también en él. Por ello ¡guárdate de los pequeños!. Innumerables son esos pequeños y mezquinos; y a más de un edificio orgulloso han conseguido derribarlo ya las gotas de lluvia y los yerbajos. Ante ti ellos se sienten pequeños, y su bajeza arde y se pone al rojo contra ti en invisible venganza. Ellos te castigan por todas tus virtudes. Sólo te perdonan de verdad, tus fallos. Deja de levantar tu brazo contra ellos! Son innumerables, y no es tu destino el ser espantamoscas.”

Sobre los inventores de nuevos valores (creadores):

“El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. […] ¡No tengas celos de esos incondicionales y apremiantes, amante de la verdad! Jamás se ha colgado la verdad del brazo de un incondicional. Todos los pozos profundos viven con lentitud sus experiencias: tienen que aguardar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad. Todo lo grande se aparta del mercado y de la fama: apartados de ellos han vivido desde siempre los inventores de nuevos valores.”

“Procura que no se convierta en tu fatalidad el sopor­tar toda su venenosa injusticia!.”

Notas del libro: “Así habló Zaratustra.” Nietzsche, Friedrich.

Todo es provisional


El Buda Curioso

Todo es provisional: el amor, el arte, el planeta Tierra, vosotros, yo. La muerte es algo tan ineludible que pilla a todo el mundo por sorpresa. ¿Cómo saber si este día no será el último? Creemos tener tiempo. Y luego, de repente, ya está, nos ahogamos, fin del tiempo reglamentario. La muerte es la única cita que no está anotada en nuestra agenda.

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El rostro de la verdad


“En ese rostro devastado por el odio hacia la filosofía he visto por primera vez el retrato del Anticristo, que no viene de la tribu de Judas, como afirman los que anuncian su llegada, ni de ningún país lejano. El Anticristo puede nacer de la misma piedad, del excesivo amor por Dios o por la verdad, así como el hereje nace del santo y el endemoniado del vidente. […] Tenía miedo del segundo libro de Aristóteles, porque tal vez éste enseñase realmente a deformar el rostro de toda verdad, para que no nos convirtiésemos en esclavos de nuestros fantasmas. Quizá la tarea del que ama a los hombres consista en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que la verdad ría, porque la única verdad consiste en aprender a liberarnos de la insana pasión[…]”

“Nunca he dudado de la verdad de los signos, Adso, son lo único que tiene el hombre para orientarse en el mundo. Lo que no comprendí fue la relación entre los signos.”

“El orden que imagina nuestra mente es como una red, o una escalera, que se construye para llegar hasta algo. Pero después hay que arrojar la escalera, porque se descubre que, aunque haya servido, carecía de sentido.”

Pasaje de: Eco, Umberto. “El Nombre de la Rosa.”

Notas sobre la risa en el libro “El Nombre de la Rosa”


“Te han mentido. El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda. El diablo es sombrío porque sabe adonde va, y siempre va hacia el sitio del que procede.” 

«Apenas Dios rió, nacieron siete dioses que gobernaron el mundo; apenas se echó a reír, apareció la luz; con la segunda carcajada apareció el agua; y al séptimo día de su risa apareció el alma…»

el hombre es —de todos los animales— el único capaz de reír

Los padres habían dicho lo que había que saber sobre el poder del Verbo y bastó con que Boecio comentase al Filósofo (refiriéndose a Aristóteles) para que el misterio divino del Verbo se transformara en la parodia humana de las categorías y del silogismo. El libro del Génesis dice lo que hay que saber sobre la composición del cosmos, y bastó con que se redescubriesen los libros físicos del Filósofo para que el universo se reinterpretara en términos de materia sorda y viscosa, y para que el árabe Averroes estuviese a punto de convencer a todos de la eternidad del mundo. Sabíamos todo sobre los nombres divinos, y el dominico enterrado por Abbone, seducido por el Filósofo, los ha vuelto a enunciar siguiendo las orgullosas vías de la razón natural. De este modo, el cosmos, que para el Areopagita se manifestaba al que sabía elevar la mirada hacia la luminosa cascada de la causa primera ejemplar, se ha convertido en una reserva de indicios terrestres de los que se parte para elevarse hasta una causa eficiente abstracta. Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo. Pero aún no había llegado a trastocar la imagen de Dios. Si este libro (refiriéndose a segundo libro de Aristóteles, Poética) llegara… si hubiese llegado a ser objeto de pública interpretación, habríamos dado ese último paso.

“La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne. Es la distracción del campesino, la licencia del borracho. (…) Pero de esta manera la risa sigue siendo algo inferior, amparo de los simples, misterio vaciado de sacralidad para la plebe. (…) Pero aquí, aquí…, aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte, se le abren las puertas del mundo de los doctos, se la convierte en objeto de filosofía, y de pérfida teología (…) la iglesia puede soportar la herejía de los simples, que se condenan por sí solos, destruidos por su propia ignorancia. La inculta locura de Dulcino y de sus pares nunca podrá hacer tambalear el orden divino. Predicará la violencia y morirá por la violencia, no dejará huella alguna, se consumirá como se consume el carnaval, y no importa que durante la fiesta se haya producido en la tierra, y por breve tiempo, la epifanía del mundo al revés. Basta con que el gesto no se transforme en designio, con que esa lengua vulgar no encuentre una traducción latina. La risa libera al aldeano del miedo al diablo (…). Pero este libro podría enseñar que liberarse del miedo al diablo es un acto de sabiduría. Cuando ríe, mientras el vino gorgotea en su garganta, el aldeano se siente amo, porque ha invertido las relaciones de dominación: pero este libro podría enseñar a los doctos los artificios ingeniosos, y a partir de entonces ilustres, con los que legitimar esa inversión. Entonces se transformaría en operación del intelecto aquello que en el gesto impensado del aldeano aún, y afortunadamente, es operación del vientre. (…) La risa distrae, por unos instantes, al aldeano del miedo. Pero la ley se impone a través del miedo, cuyo verdadero nombre es temor de Dios. (…) Al aldeano que ríe, mientras ríe, no le importa morir, pero después, concluida su licencia, la liturgia vuelve a imponerle, según el designio divino, el miedo a la muerte. Y de este libro podría surgir la nueva y destructiva aspiración a destruir la muerte a través de la emancipación del miedo. (…) Y este libro, que presenta como milagrosa medicina a la comedia, a la sátira y al mimo, afirmando que pueden producir la purificación de las pasiones a través de la representación del defecto, del vicio, de la debilidad, induciría a los falsos sabios a tratar de redimir (diabólica inversión) lo alto a través de la aceptación de lo bajo. De este libro podría deducirse la idea de que el hombre puede querer en la tierra (como sugería tu Bacon a propósito de la magia natural) la abundancia del país de Jauja. Pero eso es lo que no debemos ni podremos tener. Mira cómo los monjecillos pierden toda vergüenza en esa parodia burlesca que es la Coena Cypríani. ¡Qué diabólica transfiguración de la escritura sagrada! Sin embargo, lo hacen sabiendo que está mal. Pero si algún día la palabra del Filósofo justificase los juegos marginales de la imaginación desordenada, ¡oh, entonces sí que lo que está en el margen saltaría al centro, y el centro desaparecería por completo! (…) Dijo un filósofo griego (que tu Aristóteles cita aquí, cómplice e inmunda auctoritas) que hay que valerse de la risa para desarmar la seriedad de los oponentes, y a la risa, en cambio, oponer la seriedad. La prudencia de nuestros padres ha guiado su elección: si la risa es la distracción de la plebe, la licencia de la plebe debe ser refrenada y humillada y atemorizada mediante la severidad. (…)

“No nos da miedo la blasfemia (..). No nos da miedo la violencia que mata a los pastores en nombre de alguna fantasía de renovación(…). No nos da miedo el rigor del donatista, la locura suicida del circuncelión, la lujuria del bogomilo, la orgullosa pureza del albigense, la necesidad de sangre del flagelante, el vértigo maléfico del hermano del libre espíritu: los conocemos a todos, y conocemos la raíz de sus pecados, que es la misma raíz de nuestra santidad. No nos dan miedo, y sobre todo sabemos cómo destruirlos, mejor, cómo dejar que se destruyan solos llevando perversamente hasta el cénit la voluntad de muerte que nace de los propios abismos de su nadir. Al contrario, yo diría que su presencia nos es imprescindible, se inscribe dentro del plan divino, porque su pecado estimula nuestra virtud, su blasfemia alienta nuestra alabanza, su penitencia desordenada modera nuestra tendencia al sacrificio, su impiedad da brillo a nuestra piedad, así como el príncipe de las tinieblas fue necesario, con su rebelión y su desesperanza, para que resplandeciera mejor la gloria de Dios, principio y fin de toda esperanza. Pero si algún día, y ya no como excepción plebeya, sino como ascesis del docto, confiada al testimonio indestructible de la escritura, el arte de la irrisión llegara a ser aceptable, y pareciera noble, y liberal, y ya no mecánica, si algún día alguien pudiese decir (y ser escuchado): Me río de la Encarnación… Entonces no tendríamos armas para detener la blasfemia, porque apelaría a las fuerzas oscuras de la materia corporal, las que se afirman en el pedo y en el eructo, ¡y entonces el eructo y el pedo se arrogarían el derecho que es privilegio del espíritu, el derecho de soplar donde quiere!”.

“Los simples no deben hablar. Este libro habría justificado la idea de que la lengua de los simples es portadora de algún saber. ”

Pasajes de: Eco, Umberto. “El Nombre de la Rosa.”

La vacuidad


El Buda Curioso

La vacuidad o el vacío, además de clave para la comprensión del budismo, es un término bastante mal entendido. El vacío se refiere a la inexistencia de entidad propia de cualquier objeto o fenómeno, y no a la mera ausencia de materia. Según dicho concepto de vacío, los objetos y fenómenos existen sólo en función de la mente que los designa.

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