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La vacuidad


El Buda Curioso

La vacuidad o el vacío, además de clave para la comprensión del budismo, es un término bastante mal entendido. El vacío se refiere a la inexistencia de entidad propia de cualquier objeto o fenómeno, y no a la mera ausencia de materia. Según dicho concepto de vacío, los objetos y fenómenos existen sólo en función de la mente que los designa.

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La dulce rendición


La dulce rendición

Hay días en que la vida parece ser una eterna lucha: luchamos contra el tráfico, el tiempo, la edad, la gordura. Luchamos para estirar el dinero del mes y luchamos para que los hijos hagan la tarea. Para el caminante espiritual, sin embargo, la batalla es algo diferente. Es decidir si vamos seguir la senda del espíritu o no; si vamos a vivir la vida desde el  alma o desde el materialismo; si vamos a seguir a nuestro espíritu o si nos vamos a dejar gobernar por  ese terror innato que tiene todo humano a hacer el papel de tonto, el cual detiene a muchos a seguir los caminos del alma.

Es aquí cuando aparece  “la dulce rendición:” ese aceptar que no tenemos todas las respuestas y que no sabemos todas las preguntas; que probablemente seremos incomprendidos por muchos y que no siempre entenderemos el mensaje divino; que a veces buscaremos esa pequeña voz de los profetas para que nos guíe y encontraremos solo silencio. La dulce rendición ocurre cuando aceptas todo lo anterior y mas, incluyendo el misterio que es la Divinidad, y decides no luchar contra lo que es. San Pablo se llamó a sí mismo “un tonto por Jesús.” En el Bhagavad Gita, el clásico espiritual hindú, Krishna dice: “deja atrás todos y ríndete a mí.” Los wiccanos hablan de entregarse a la Diosa, ese poder divino que sostiene a la creación. Para mí, en principio, hay dos tipos de personas: Los “videndo credes” (veo, entonces creo) y los “credendo vides” (creo, entonces veo). La dulce rendición significa, en parte, dejar de luchar con el credendo vides que hay en ti. Seguir leyendo La dulce rendición

El Maestro Obscuro


Hay una frase en el libro del Tao, que dependiendo de la traducción, dice más o menos así: el maestro enseña sin enseñar. La primera vez que la leí pensé a que se refería a que hay personas que viven una vida ejemplar y aunque su propósito no sea ser guía de nadie en particular, muchos, al observar el estilo de vida que llevan y los beneficios que de dicha vida derivan, se sienten inspirados a emularlos. Y quizás esto sea en parte lo que el Tao trata de decir. Pero leyendo La Matriz Divina de Gregg Bradden, se me ocurrió otra interpretación que bien puede complementar la anterior.

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La calidad de la virtud


Las personas de virtud superior no se consideran virtuosas,
por ello precisamente la alcanzan.
Las personas de virtud inferior se aferran a su virtud,
por eso precisamente la pierden.
La virtud superior existe por sí misma sin hacer nada externamente.
La virtud inferior hace externamente sin ser ni existir.

Las personas de máxima bondad actúan sin objetivos y no la proclaman.
Las personas de estricta justicia la proclaman y actúan con objetivos.
Las personas apegadas a la tradición ritualista la ostentan;
si no obtienen resultados, intentan imponerla por la fuerza.

Cuando se pierde el Principio que nos guía, se recurre a la virtud.
Cuando se pierde la virtud, se recurre a la bondad.
Cuando se pierde la bondad, se recurre a la estricta justicia.
Cuando se pierde la estricta justicia, se recurre a la tradición ritualista.

La tradición es solo la sombra de la justicia,
el principio de la desorganización.
Los conocimientos superficiales tan solo son apariencia
del principio que internamente nos,
el comienzo de la confusión y de la necedad.
Por ello, las personas sabias habitan en la profundidad,
prefieren el fruto a la flor,
eligen lo interno y desechan lo externo.

Hoy día está muy desprestigiado el término virtud. Alguien virtuoso, si no hablamos de un musico que toca muy bien, suena a mojigato, beato o, cuando menos, ingenio y chapado a la antigua. Sin embargo, la raíz latina de virtud nos remite a fuerza -vir-, de donde también procede el adjetivo “viril”. La virtud es en origen una cualidad de fuerza interior, constancia, determinación, paciencia, resistencia a la adversidad, magnanimidad con el más débil y solidaridad con el prójimo y el lejano, el compatriota y el extranjero…
Cuando alguien se aferra a su fuerza o a su bondad, la pierde; quien es fuerte y bondadoso ni siquiera lo sabe y, al no saberlo, se comporta como tal sin ostentación. Todos conocemos personas que ayudan sin pedir nada a cambio y, sobre todo, sin esperarlo. Actúan así porque tienen incorporadas la fuerza interior que proporciona la seguridad de saberse parte del todo, que lo que dan a otro a sí mismo se lo dan. Si no se ha perdido ese sentido de la unidad, no es necesario hacer demasiados esfuerzos por ser bondadoso con los demás. quienes no están tan seguros de su propia naturaleza ni la de los demás se apegan a leyes que los protejan. Cuando no se aplican las leyes con justicia, se recurre a las triquiñuelas legales: la letra pequeña de la ley, los plazos, los recursos… “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Los conservadores de todos los países defienden a capa y espada sus tradiciones, una forma de levantar fronteras frente a las demás tradiciones, de intentar detener las innovaciones, los nuevos descubrimientos que ponen su mundo en cuestión. Por eso es principio de desorganizacion: estan, sin saberlo, llamando a la revolución, y sus cabezas ruedan bajo la gillotina. Llegado el tiempo, la realeza y la aristocracia no podían mantener sus privilegios frente a la burguesía frnacesa ascendente.
La historia de los pueblos y las naciones parece guiada por convulsivos saltos traumaticos cuando individual y colectivamente se olvida la esencia, el principio que los guía, aquello que une a la humanidad en retos y aspiraciones comunes: la supervivencia y el deseo de felicidad.
Cada vez más, la cultura tecnológica occidental, sobre todo en su máximo exponente hasta el día de hoy, Estados Unidos de América, extiende el dominio de la apariencia, la imagen y el envoltorio. Cuenta más la campaña publicitaria de un candidato que su programa, el logo y la publicidad de una empresa que sus productos y servicios. Coches, perfumes, joyas, desfiles de moda, cruceros, paquetes turísticos, cigarrillos… se vende literalmente nada, humo, con un poco de color, modelos jóvenes, insinuaciones que apelan al inconsciente. Se promete llenar un vacío que no se puede llenar con productos: el ansia de transcendencia y el miedo a la muerte.
Verdaderamente, los sabios prefieren el fruto a la flor, la pulpa al aroma y al colorido.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

La sabiduría sutil. Ley de los opuestos


Nada puede contraerse que no estuviera antes dilatado.
Nada puede debilitarse que no estuviera antes fortalecido.
No puede rechazarse nada que no haya sido antes aceptado.
No se puede quitar nada que no se haya antes dado.Así es la sutil sabiduría de la vida.
Lo flexible y lo tierno vencen a lo rígido y lo duro,
lo que se prepara debe permanecer en aguas profundas,
lo que tiene forma no ha de olvidar la esencia sin forma.

Solemos ver las consecuencia pero para vez reflexionamos sobre las causas. Pocas personas ponen atención en cómo empieza una discusión, un desacuerdo, un abandono. Muchas personas lamentan sus perdidas, sin pararse a pensar que nada es eterno, en que antes de tener no tuvieron, en que muchas perdidas no son inevitables, sino frutos de falta de atención o actos no impecables.

La ley de los opuestos, las polaridades, la causa y el efecto. No es necesario ser físico, psicólogo ni filósofo para tenerlas siempre en cuenta, aceptarlas, integrarlas, vivir en armonía con todo ello.

El bebé nace de la oscuridad del útero; el manantial, de las entrañas de la tierra; el árbol crece a partir de las raíces; los grandes proyectos maduran en las profundas del alma. Toda semilla necesita oscuridad antes de germinar y mucha paciencia, o ninguna. Según se mire: solo esperar a que llegue su tiempo para cumplir con exactitud su destino.

El cuerpo es una forma. El carácter, la personalidad, la biografía son simples formas. ¿Quién se acuerda de la esencia apegados como vivimos a las formas? El cristal es una forma, como la madera o el metal. Un vaso, una mesa, un cuchillo, no son sino átomos dispuestos en formas diferentes y cuyos espacios vacíos entre el núcleo y protones y neutrones difieren entre sí, así como la velocidad de giro. Nuestros ojos siguen viendo cristal, madera y metal. Vaso, mesa y cuchillo. Pero si contemplamos estas mismas realidades con la visión del físico cuántico, veremos un universo maravilloso, idéntico en la esencia y hermosamente diferente en su forma.

Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón

La virtud de la excelencia


Conocer a los demás es sabiduría,
conocerse a sí mismo es iluminación.
Vencer a los demás es pura fuerza,
vencerse a sí mismo es fortaleza.
Saber cuándo se tiene bastante es riqueza,
hacer lo que se necesita hacer es constancia.
Quien prosigue su destino perdura,
quien vive en el eterno presente no muere.

Quien se conoce a sí mismo alcanza la iluminación, porque se da cuenta que no existe ese “si mismo”. El ego quiere hacerse sabio e iluminarse. Cuando lo consigue, ¡Oh paradoja!, se autodestruye.

Vencer es fácil. Basta con ser más fuerte, más rico, más inteligente, tener armas potentes, mejores abogados, argumentos más contundentes, oratoria más fluida. Pero siempre puede venir alguien que tenga todo ello en mayor grado. La fuerza vence a la fuerza, la cantidad a la cantidad. Pero fortaleza auténtica y el verdadero poder son cualidades imbatibles, como imbatible es la montaña cuyos pies acantilados embisten las olas. Firme y sereno como una montaña permanece nuestro espíritu cuando nos sentamos a meditar. El corazón se apacigua y se serena. El alma se ensancha abarcando horizontes ilimitados.

Hay personas inmensamente ricas que viven como pobres por inseguridad y avaricia. Personas medianamente ricas persiguiendo algo que aun no tienen. Todos tenemos épocas en la vida en que deseamos conseguir algo que nos ponemos como meta: la vivienda en propiedad, el coche seguro, el empleo con contrato indefinido, las vacaciones más largas y relajantes… ¿Y cuando puede decirse basta, tengo bastante? Difícil en esta sociedad occidental y en el siglo XXI en que todo parece que se puede comprar si se tiene el dinero suficiente. Un modelo de vida en el que hay que producir continuamente para que todo el mundo tenga trabajo. Pero hay que consumir lo que se produce. Y hay que ganar para comprarlo. ¿Y dónde se detiene la rueda, mientras contaminamos y agotamos los recursos limitados, las materias primas, mientras reducimos la naturaleza, literalmente asesinándola?

El equilibrio supremo


El equilibrio supremo es la simplicidad sin nombre,
quien la alcanza en su humilde sencillez
Puede resistir el embate de vientos y mareas.
Si los gobernantes hiciesen de él su morada,
atraerían sin esfuerzo a la mayoría.
Cuando lo superior y lo inferior se armonizan,
todos quedan impregnados del rocío de la simplicidad,
reinan entonces la paz y la solidaridad,
sin necesidad de leyes, amenazas ni castigos.
Cuando aparece la complejidad de los nombres,
empieza la fragmentación de las distinciones sin fin.
Saber cuándo detenerla es evitar la complejidad innecesaria.
Mantener el supremo equilibrio es como el fluir de los ríos,
Que conducen mansamente sus aguas al mar,
donde nunca mueren.

Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Para llegar a la simplicidad máxima es necesario a veces atravesar la máxima complejidad. El sentido común es simple, como simples son las leyes de la naturaleza, como lo es el trino de los pájaros o la puesta de sol tras las montañas.

Morar en la simplicidad es morar en el silencio, el silencio que no distingue sustantivos de adjetivos, ni pone un verbo a cada acción. El silencio del eterno “ahora” que todo lo contiene.

Integrar lo de arriba y lo de abajo supone saber que como es arriba es abajo. Mirar los signos del cielo nos ayuda a saber lo que pasa en la tierra: cuándo va a llover, por ejemplo, nos lo dicen las nubes, o las golondrinas cuando vuelan bajo…

Cada vez que me relajo, las cosas fluyen. Los encuentros son sincrónicos, el tiempo parece estirarse y me permite hacer todo lo que hay que hacer. Y me regala minutos y horas de propina. En ese hacer sin parecer que se hace no hay pasado ni futuro. Por eso la acción no muere, como las aguas no mueren en el mar.

Nos movemos en la indeterminación.
Vivimos indeterminadamente.
Se nos va el tiempo mientras tanto.
Se nos va a ir de todas maneras,
pero hay otra forma de vivir.
Cuando dejas de buscar, encuentras.
Cuando abandonas el afán de control, el Tao fluye.
Cuando te haces amigo de la Realidad,
la Realidad se pone de tu parte.
Mamen Delgado

Las plumas del pavo real


Quien camina muy estirado no guarda el equilibrio,
quien da grandes zancadas no irá muy lejos
y pierde lustro quien a sí mismo se alaba.
Quien busca ser siempre aprobado no sobresale
y no progresará quien a sí mismo se ensalza.
Para los sabios felices todo esto son excesos superfluos,
plumas de colores que pronto pierden su brillo.
Cualquier persona sensata ignora a los pavos reales,
pues su corazón no está en sus plumas desplegadas.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Cuanto más se eleva el tallo de hierba, más expuesto queda al viento que lo dobla.

Los maestros zen, los practicantes de taichí o de cualquier arte marcial, saben caminar manteniendo su centro en hara, en medio del estomago, unos centímetros por debajo del ombligo. Rara vez se desequilibran o, como los antiguos tentetiesos (porfiados), rápidamente vuelven a su posición de equilibrio. Y en las carreras de pista, quien empieza a ritmo rápido no puede mantenerlo más de una vuelta. El esprín se deja para el final. Como los ciclistas. Lo mismo que se crean los grandes proyectos, piedra a piedra, línea a línea. Surco a surco se ara un campo.
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La humildad natural


La rama que se dobla no se parte,
la que se inclina recupera su vertical.
El vacío puede llenarse,
lo que se desgasta se renueva.
Quien poco tiene, mucho puede recibir;
Quien mucho tiene, acabará turbado.
Por ello, las personas sabias aceptan
la unidad complementaria de la existencia
y se convierten en modelo para todos.
No se vanaglorian y por eso brillan,
no se ponen por delante y los demás las reconocen.
No proclaman sus méritos y obtienen confianza,
No rivalizan con nadie y nadie compite con ellas.
No en vano, dijeron los antiguos:
“ser humilde es mantenerse entero”,
pues mantenerse entero es permanecer en la unidad.
Tao Te Ching al alcance de todos.
Alfonso Colodrón.

Orgullo y humildad solo tienen sentido en la comparación. ¿Acaso se compara una amapola con una orquídea o se siente humilde una brizna de yerba ante un roble centenario? La humildad piadosa es tan antinatural como la falsa modestia. Tal vez sea la mayor de las vanidades, la más sutil: aparentar valer menos de lo que se vale, ocultar los dones que la naturaleza nos ha otorgado, disfrazar los propios méritos y flotar por dentro como el aceite. Tener la sensación interna de ser tan superiores que ni siquiera necesitamos el reconocimiento de los que nos rodean.

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