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Sobre la Humildad…


Ser humilde no significa que tienes que dejarte pisar, es ser consciente de que puedes ser pisado.

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El equilibrio supremo


El equilibrio supremo es la simplicidad sin nombre,
quien la alcanza en su humilde sencillez
Puede resistir el embate de vientos y mareas.
Si los gobernantes hiciesen de él su morada,
atraerían sin esfuerzo a la mayoría.
Cuando lo superior y lo inferior se armonizan,
todos quedan impregnados del rocío de la simplicidad,
reinan entonces la paz y la solidaridad,
sin necesidad de leyes, amenazas ni castigos.
Cuando aparece la complejidad de los nombres,
empieza la fragmentación de las distinciones sin fin.
Saber cuándo detenerla es evitar la complejidad innecesaria.
Mantener el supremo equilibrio es como el fluir de los ríos,
Que conducen mansamente sus aguas al mar,
donde nunca mueren.

Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Para llegar a la simplicidad máxima es necesario a veces atravesar la máxima complejidad. El sentido común es simple, como simples son las leyes de la naturaleza, como lo es el trino de los pájaros o la puesta de sol tras las montañas.

Morar en la simplicidad es morar en el silencio, el silencio que no distingue sustantivos de adjetivos, ni pone un verbo a cada acción. El silencio del eterno “ahora” que todo lo contiene.

Integrar lo de arriba y lo de abajo supone saber que como es arriba es abajo. Mirar los signos del cielo nos ayuda a saber lo que pasa en la tierra: cuándo va a llover, por ejemplo, nos lo dicen las nubes, o las golondrinas cuando vuelan bajo…

Cada vez que me relajo, las cosas fluyen. Los encuentros son sincrónicos, el tiempo parece estirarse y me permite hacer todo lo que hay que hacer. Y me regala minutos y horas de propina. En ese hacer sin parecer que se hace no hay pasado ni futuro. Por eso la acción no muere, como las aguas no mueren en el mar.

Nos movemos en la indeterminación.
Vivimos indeterminadamente.
Se nos va el tiempo mientras tanto.
Se nos va a ir de todas maneras,
pero hay otra forma de vivir.
Cuando dejas de buscar, encuentras.
Cuando abandonas el afán de control, el Tao fluye.
Cuando te haces amigo de la Realidad,
la Realidad se pone de tu parte.
Mamen Delgado

Las plumas del pavo real


Quien camina muy estirado no guarda el equilibrio,
quien da grandes zancadas no irá muy lejos
y pierde lustro quien a sí mismo se alaba.
Quien busca ser siempre aprobado no sobresale
y no progresará quien a sí mismo se ensalza.
Para los sabios felices todo esto son excesos superfluos,
plumas de colores que pronto pierden su brillo.
Cualquier persona sensata ignora a los pavos reales,
pues su corazón no está en sus plumas desplegadas.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Cuanto más se eleva el tallo de hierba, más expuesto queda al viento que lo dobla.

Los maestros zen, los practicantes de taichí o de cualquier arte marcial, saben caminar manteniendo su centro en hara, en medio del estomago, unos centímetros por debajo del ombligo. Rara vez se desequilibran o, como los antiguos tentetiesos (porfiados), rápidamente vuelven a su posición de equilibrio. Y en las carreras de pista, quien empieza a ritmo rápido no puede mantenerlo más de una vuelta. El esprín se deja para el final. Como los ciclistas. Lo mismo que se crean los grandes proyectos, piedra a piedra, línea a línea. Surco a surco se ara un campo.
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Los principios de la paz y del buen gobierno


 
No sobrestimes a las personas con estudios
y contribuirás a disminuir la envidia, la rivalidad y el resentimiento.
No sobrevalores los bienes escasos
y contribuirás a disminuir la codicia, el robo y la corrupción.
No exhibas los bienes que provocan el deseo de obtenerlos y verás como los ánimos y el corazón se serenan.
De este modo, el gobernante sabio restablece el equilibrio,
vaciando las mentes de inútiles polémicas,
pues atiende las auténticas necesidades vitales,
vela por la salud general de los gobernados
y evita las falsas promesas que los hacen escépticos.
Si así actúa, restablecerá la confianza y la participación
y evitará los abusos de los profesionales del poder.

Parece increíble que estas máximas fueran pensadas y dichas hace 2500 años. Si aparecieran en el editorial de cualquier periódico actual, las creeríamos firmadas por su director.

Parece absurdo seleccionar catedráticos, jueces o funcionarios por tener un titulo universitario y haber ganado unas oposiciones. En general, la mayoría de las oposiciones para obtener estos y otro tipo de puestos en la Administración consisten en ejercicios de memoria y en la exposición posterior, oral y escrita, de los temas aprendidos. ¿Y cómo se mide la pasión por la enseñanza y las capacidades didácticas? ¿Y la eficacia para contagiar el entusiasmo por el aprendizaje? ¿Son los jueces más honrados y sagaces por haber sido capaces de memorizar leyes, procedimientos y plazos que pueden consultarse fácilmente en los distintos códigos y leyes procesales? En la antigüedad se elegía a los ancianos para juzgar por su sabiduría que habían adquirido, y a los considerados justos por todos porque habían dado pruebas con su vida cotidiana de imparcialidad y buen juicio. Hoy día somos muchos, y es adecuado establecer procedimientos de selección. Pero ¿Como sería introducir también criterios de vocación profesional, interés por el servicio a la comunidad, amplitud de miras y una ética pública y privada que pudiera comprobarse? Seguir leyendo Los principios de la paz y del buen gobierno