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La autentica bondad es espontánea


 
 
La auténtica bondad actúa como el agua,
que a todos beneficia sin luchar contra nadie,
discurre por lugares humildes que todos desprecian
y todo ello la hace apreciada y sabia.
Al escoger tu casa, enraízate en la tierra;
cuando pienses, hazlo con profundidad y corazón;
cuando des, da con el equilibrio y armonía;
al hablar, sé veraz y comedido;
ama el orden, la justicia y la equidad cuando gobiernes,
y, al actuar, hazlo impecablemente en el momento oportuno.
Siguiendo las virtudes del agua,
el sabio bondadoso no lucha contra nadie
y, por ello, no atrae enemistades ni rencillas.

El agua discurre por las pendientes buscando el nivel más bajo: pura inercia de su naturaleza, que no lucha contra la fuerza de la gravedad. Para ella no existen lugares mejores ni peores. Es manantial y fuente, pozo o estanque, arroyo escondido o caudaloso río, pantano o charco, mar, océano y nube. Lluvia, rocío y nieve. Hielo y vapor. Y en cualquiera de sus formas, no cobra ni pide nada a cambio por sus servicios.
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I Ching


El I Ching, Yijing o I King, como mencioné ya en otra publicacion, debe su nacimiento a Fu Xi, el primero de los  mitológicos Tres augustos y cinco emperadores de la antigua China. Se lo ubica aproximadamente entre el 2852-2738 aC. Mediante la observacion de los fenómenos, con la extraordinaria inteligencia y persepción que caracterizaba a Fu Xi, este estaba determinado a descifrar las leyes de la existencia, pues él notaba que todo lo que sucedía, tanto en la tierra como en el cielo y dentro del propio cuerpo humano, seguían ciertos patrones comunes de existencia.

Según la tradición, Fu Xi fue el descubridor de los Ocho Trigramas, o Bāgùa (八卦), que suponen la base del I Ching y que le fueron revelados de manera sobrenatural al verlos escritos sobre el lomo de un animal mitológico, descrito como un dragón-caballo, que salió del Río Amarillo. Este dibujo es conocido como el Diagrama del Río (Amarillo) (河圖; Hétù) y se tiene también como el origen de la caligrafía china.

El I ching considera al hombre como un microcosmos, y por lo tanto una misma enseñanza o Ley de la naturaleza se puede aplicar tanto al hombre como al resto del Universo.