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La calidad de la virtud


Las personas de virtud superior no se consideran virtuosas,
por ello precisamente la alcanzan.
Las personas de virtud inferior se aferran a su virtud,
por eso precisamente la pierden.
La virtud superior existe por sí misma sin hacer nada externamente.
La virtud inferior hace externamente sin ser ni existir.

Las personas de máxima bondad actúan sin objetivos y no la proclaman.
Las personas de estricta justicia la proclaman y actúan con objetivos.
Las personas apegadas a la tradición ritualista la ostentan;
si no obtienen resultados, intentan imponerla por la fuerza.

Cuando se pierde el Principio que nos guía, se recurre a la virtud.
Cuando se pierde la virtud, se recurre a la bondad.
Cuando se pierde la bondad, se recurre a la estricta justicia.
Cuando se pierde la estricta justicia, se recurre a la tradición ritualista.

La tradición es solo la sombra de la justicia,
el principio de la desorganización.
Los conocimientos superficiales tan solo son apariencia
del principio que internamente nos,
el comienzo de la confusión y de la necedad.
Por ello, las personas sabias habitan en la profundidad,
prefieren el fruto a la flor,
eligen lo interno y desechan lo externo.

Hoy día está muy desprestigiado el término virtud. Alguien virtuoso, si no hablamos de un musico que toca muy bien, suena a mojigato, beato o, cuando menos, ingenio y chapado a la antigua. Sin embargo, la raíz latina de virtud nos remite a fuerza -vir-, de donde también procede el adjetivo “viril”. La virtud es en origen una cualidad de fuerza interior, constancia, determinación, paciencia, resistencia a la adversidad, magnanimidad con el más débil y solidaridad con el prójimo y el lejano, el compatriota y el extranjero…
Cuando alguien se aferra a su fuerza o a su bondad, la pierde; quien es fuerte y bondadoso ni siquiera lo sabe y, al no saberlo, se comporta como tal sin ostentación. Todos conocemos personas que ayudan sin pedir nada a cambio y, sobre todo, sin esperarlo. Actúan así porque tienen incorporadas la fuerza interior que proporciona la seguridad de saberse parte del todo, que lo que dan a otro a sí mismo se lo dan. Si no se ha perdido ese sentido de la unidad, no es necesario hacer demasiados esfuerzos por ser bondadoso con los demás. quienes no están tan seguros de su propia naturaleza ni la de los demás se apegan a leyes que los protejan. Cuando no se aplican las leyes con justicia, se recurre a las triquiñuelas legales: la letra pequeña de la ley, los plazos, los recursos… “Hecha la ley, hecha la trampa”.

Los conservadores de todos los países defienden a capa y espada sus tradiciones, una forma de levantar fronteras frente a las demás tradiciones, de intentar detener las innovaciones, los nuevos descubrimientos que ponen su mundo en cuestión. Por eso es principio de desorganizacion: estan, sin saberlo, llamando a la revolución, y sus cabezas ruedan bajo la gillotina. Llegado el tiempo, la realeza y la aristocracia no podían mantener sus privilegios frente a la burguesía frnacesa ascendente.
La historia de los pueblos y las naciones parece guiada por convulsivos saltos traumaticos cuando individual y colectivamente se olvida la esencia, el principio que los guía, aquello que une a la humanidad en retos y aspiraciones comunes: la supervivencia y el deseo de felicidad.
Cada vez más, la cultura tecnológica occidental, sobre todo en su máximo exponente hasta el día de hoy, Estados Unidos de América, extiende el dominio de la apariencia, la imagen y el envoltorio. Cuenta más la campaña publicitaria de un candidato que su programa, el logo y la publicidad de una empresa que sus productos y servicios. Coches, perfumes, joyas, desfiles de moda, cruceros, paquetes turísticos, cigarrillos… se vende literalmente nada, humo, con un poco de color, modelos jóvenes, insinuaciones que apelan al inconsciente. Se promete llenar un vacío que no se puede llenar con productos: el ansia de transcendencia y el miedo a la muerte.
Verdaderamente, los sabios prefieren el fruto a la flor, la pulpa al aroma y al colorido.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

La sabiduría cotidiana


Lo más suave domina lo más rígido.
Lo que carece de forma penetra lo impecable.
Por esto se conoce la ventaja de actuar sin oposición.
Pocos reconocen las ventajas de no hacer juicios,
el supremo valor de enseñar sin palabras,
de actuar sin apego al resultado.
Pocas cosas en el mundo se les pueden comparar.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón

Suave es el agua, pero persistente. Convierte los acantilados de dura roca en arena fina que forma blandas playas. Los penetra abriendo grietas. Lo mismo que las raíces del pino solitario que cabalga sobre una roca. Flexibles, sin forma, llegan al corazón de la piedra y de él extraen su savia.

Fuerza no es dureza. Firmeza no es rigidez. Flexibilidad no es confluencia e indiferenciación. Cuando alguien grita, ya sabemos que no está seguro de sus palabras. Si alguien no cede nunca, es que tiene miedo de no tener razón, de ser invadido, de ser invalidado. Generosidad es la virtud de los fuertes.

Los juicios se basan casi siempre en suposiciones. En realidad, no estamos metidos en la piel de nadie para juzgar sus intenciones, sus acciones, sus resultados. Entre uno de los acuerdos que hacían consigo mismos los toltecas, uno de los principales era no hacer suposiciones. Antes de suponer, preguntar. Antes de juzgar, escuchar. Los juicios crean realidades paralelas.

Los sermones sirven para poco. Por eso tienen que ser sermoneados una y otra vez. La mejor educación para los hijos es el ejemplo. Ellos harán lo que nos vean hacer, no lo que les digamos que hagan.

Quien hace todo lo que pueda para lograr un objetivo, no s culpa por no lograrlo. Si pierde tiempo en lamentos, no tendrá energía para intentarlo de nuevo. La impecabilidad del guerrero es hacer lo justo en cada momento y pasar a la acción siguiente sin aferrarse al resultado. Eso es el hacer sin hacer, el Wu Wei o filosofía del no hacer.

Pocos son los que siguen estas tres reglas de vida: 1) No enjuiciar ni suponer; 2) Enseñar con el ejemplo y sin predicar, y 3) Actuar con impecabilidad sin obsesionarse por el resultado.

El verdadero amor es dar porque rebosamos, no esperando nada a cambio. ¿Por qué se llama amor al intercambio de necesidades, compañía o sexo?

La verdadera fuerza interior


Los antiguos iniciados eran sutiles y profundos,
flexibles en los detalles y globales en su visión.
Difícilmente podían ser comprendidos.
Por ello, solo puede describirse su apariencia.
Prudentes, como quien cruza un río en invierno,
cautos, como quien está atento a cuanto le rodea,
respetuosos como invitados agradecidos,
fluidos como el hielo a punto de fundirse,
auténticos como un tronco sin tallar,
llanos y accesibles como un amplio valle,
impenetrables como las aguas profundas.
¿Qué otras personas podrían pasar
voluntariamente de la oscuridad a la claridad?
¿Quién, si no, podría permanecer en calma
mientras las aguas tranquilas cobran vida?
El que abraza la verdadera fuerza interior
no anhela la plenitud final,
y, por ello, continuamente renueva su esencia:
se mantiene cual germen oculto,
que no se apresura por alcanzar una prematura madurez.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón

El estudiante quiere aprobar los exámenes, acabar el bachillerato o la universidad. Pocos disfrutan aprendiendo y pocos pueden servirse de lo aprendido. El arquitecto desea ver acabada la casa, el montañero alcanzar la cima, el cazador cobrar la pieza, el político acabar la campaña electoral y el elegido, terminar su mandato y ser reelegido. El buscador espiritual pretende la perfección, quiere iluminaras, alcanzar la realización. Los iniciados en el secreto profundo de vivir en armo ojos maduran día a día. No desean caer al suelo como la breva madura. Viven conforme a su vocación y su destino. El potencial definitivo siempre se puede desarrollar hasta el momento de la gran Caída: la muerte. Un cerezo siempre puede producir unos kilos más de cerezas, hasta quedar seco o ser hendido por un rayo.
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El supremo altruismo


El cielo es eterno y la tierra permanece
porque no existen para sí mismos,
sino que se entregan a la unidad.
Del mismo modo, las personas sabias se ponen detrás,
pero se encuentran siempre al frente de todos,
pues al desprenderse de sus propios intereses
encuentran realizado su más profundo interés.
Nunca salen de la unidad
y, por ello, logran realizar la integridad de su Ser.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Que significa en el fondo existir para sí mismo? Respuesta evolutiva: individualizarse. Cuando el ser humano se separa de la naturaleza, la codifica, la convierte en un objeto y se separa de algo de lo que forma parte. Cuando cada miembro de la tribu toma conciencia de sí como persona diferente del grupo, piensa en sus propios intereses y no en los de la tribu.
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La autentica bondad es espontánea


 
 
La auténtica bondad actúa como el agua,
que a todos beneficia sin luchar contra nadie,
discurre por lugares humildes que todos desprecian
y todo ello la hace apreciada y sabia.
Al escoger tu casa, enraízate en la tierra;
cuando pienses, hazlo con profundidad y corazón;
cuando des, da con el equilibrio y armonía;
al hablar, sé veraz y comedido;
ama el orden, la justicia y la equidad cuando gobiernes,
y, al actuar, hazlo impecablemente en el momento oportuno.
Siguiendo las virtudes del agua,
el sabio bondadoso no lucha contra nadie
y, por ello, no atrae enemistades ni rencillas.

El agua discurre por las pendientes buscando el nivel más bajo: pura inercia de su naturaleza, que no lucha contra la fuerza de la gravedad. Para ella no existen lugares mejores ni peores. Es manantial y fuente, pozo o estanque, arroyo escondido o caudaloso río, pantano o charco, mar, océano y nube. Lluvia, rocío y nieve. Hielo y vapor. Y en cualquiera de sus formas, no cobra ni pide nada a cambio por sus servicios.
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El eterno Femenino-Masculino


 
 
El espíritu del valle es inmortal,
espíritu y valle forman lo Femenino primordial.
La puerta de lo Femenino primordial,
en su continuo abrirse y cerrarse
realiza el abrazo cósmico,
que es la raíz del cielo y la tierra.
Si se atraviesa sin cesar la oscuridad,
se alcanza la luz inagotable,
que nunca deja de brillar.
Tao Te Ching al alcance de todos. Alfonso Colodrón.

Cuando se intenta hacer comprensible una visión filosófica, un despertar espiritual o una cosmogónica -explicación global del cosmos, su origen y naturaleza-, nos encontramos con que las palabras no son números. Con estos, todos pueden resolver problemas y ecuaciones, porque no están sujetos a interpretación. Con las palabras todo se vuelve más difícil, sobre todo si están escritas en tablillas de bambú, si lo están desde hace más de dos milenios y si han sido recogidas de tradiciones orales, a las que se añaden o de las que se suprimen frases enteras que se interpretan y reinterpretan una y otra vez. Seguir leyendo El eterno Femenino-Masculino